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Friday, August 21, 2009

Como masificar al soberano

por Manfred F. Schieder

“El deseo del niño por alcanzar la meta que se ha propuesto lo lleva a actuar correctamente. NO es la maestra quien le advierte sobre sus errores y le enseña a corregirlos, sino una compleja actuación de la propia inteligencia del niño la que lo lleva al resultado que se propuso.’
(María Montessori en "Ideas Generales sobre el Método")

Es el primer día de clase.
Para los más pequeños en el jardín de infantes, para los mayorcitos el primer grado. Impecables en sus delantales, “cual inocentes palomitas", dirá la Sra. Directora o el Sr. Director en su alocución. En sus uniformes o, simplemente, en raídas zapatillas, formarán, cual soldados (la comparación es inevitable y no menos amedrentadora), fila tras fila, columna tras columna, la nueva dotación de mentes que aguardan recibir nuevos conocimientos.
Al sonar el timbre o la campana, en las regiones modestas, caminan hacia el aula, se ubican, preparan sus útiles de escritura, el cuaderno y prestan atención, anhelantes y no sin temor, a lo que dirá la maestra. Aún no lo saben y muchos no lo sabrán jamás, pero se encuentran en un laboratorio, en una sala de torturas indoloras, dirigida desde el Ministerio de Educación y sus dependencias, donde se amoldará sus cerebros a lo que quienes gobiernan dispongan.
Ha comenzado el proceso oficial de sometimiento del soberano, el lento pero preciso operativo de masificación.
Es el Día del Control Total.
Esa filósofa suprema que inició y terminó en una sola labor la totalidad de la filosofía - Ayn Rand - expresó graves palabras sobre la educación al comparar al sistema educacional vigente en el mundo con esa ocupación horrorosa de los siglos pasados que Víctor Hugo describe en su obra “El Hombre que Ríe”: Los Comprachicos.
Los Comprachicos negociaban con niños. Los compraban, los desfiguraban de mil espantosas maneras para convertirlos en gnomos bufonescos y los vendían a reyes y príncipes como objetos de diversión. En la China, por ejemplo, tomaban una criatura de dos o tres años, la colocaban en una vasija de porcelana y la dejaban crecer, durante años, dentro de tan bizarro corsé. Esto comprimía las carnes y retorcía los huesos. En cierto momento, cuando el daño ya era irreparable, se rompía la vasija y se obtenía un hombre moldeado como el recipiente.
Anticipándome al contenido de este artículo quiero recordar al lector que el daño no se transfería a los genes.
La práctica misma, empero, no ha desaparecido. Ahora es más sutil, menos evidente.
Los colectivistas han descubierto que es menos riesgoso y de todas formas muchísimo más redituable retorcer los cerebros. Fieles a sus malvados propósitos fabrican aquello que responde a su meta de uniformar a la población mundial: robots, seres descerebrados programados pare obedecer al Stalitler de turno, a quien complace explotarlos y enviarlos a su temprana muerte, por lo cual, incluso, aun es vitoreado. Si el lector no lo creyese puedo remitirlo a leer la historia mundial.
La educación en manos del Estado es, de por si, una inmoralidad y defender a la misma a partir de la aseveración que con ello se asegura una igualdad en la oportunidad educativa de toda la población, equivale a no entender la raíz misma de la cuestión.
No se trata de una cuestión de economía, como permanentemente insiste la educación estatal. Hasta el más lego en la materia ha de entender que una educación privada es SIEMPRE menos onerosa que la estatal, encarecida por un inevitable exceso burocrático. Pero por más importante que pueda ser este aspecto del tema para la totalidad de la población, no puede su consideración afectar de manera alguna lo que la educación en manos gubernamentales - o de sectores protegidos por el Estado - significa filosófica y psicológicamente.
La idea fundamental es adoctrinar al “soberano” para que actúe a partir de ahí como un títere programado. La meta evidente es la de bloquear aun la mínima posibilidad de desarrollar ideas distintas, quizá nuevas, a partir de la observación personal de los hechos, sin la influencia de imbuídos conceptos.
Ludwig von Mises, economista gigantesco, expresa en su “Acción Humana”: “La enseñanza primaria fácilmente deriva hacia la adoctrinación política… El partido en el poder controla siempre la instrucción pública y puede, a través de ella, propagar sus propios idearios y criticar los contrarios.”
Incluso Bertrand Russell, a quien mal se le puede aplicar mote alguno de defensor del liberalismo, reconoció la maldad contenida en la educación pública al decir: “La educación estatal produce una manada de fanáticos ignorantes, prestos a iniciar una guerra o una cacería de brujas si así se les ordena hacerlo. Tan grande es este mal que el mundo sería mejor si nunca se hubiese iniciado la educación estatal.”
Ayn Rand menciona en su articulo “La Doctrina de la Igualdad de Oportunidades en la Educación” un punto particularmente inmoral: “El gobierno,” dice allí, “no tiene derecho alguno de imponerse como árbitro de ideas y, en consecuencia, sus establecimientos - las escuelas públicas y semipúblicas - no tienen tampoco el derecho de enseñar un único punto de vista, con exclusión de todos los demás. No tiene derecho de ponerse al servicio de las creencias de ningún grupo de ciudadanos en particular e ignorar y silenciar a los demás. No tiene el derecho de imponer desigualdad alguna sobre ciudadanos que llevan por igual el lastre de su sustento. Al igual de lo que ocurre con los subsidios estatales para las ciencias, es viciosamente errado forzar a un individuo a pagar por la enseñanza de ideas diametralmente opuestas a las suyas; es una violación profunda de sus derechos. Esta violación se vuelve monstruosa cuando son sus ideas las que se excluyen de tal enseñanza pública, ya que significa que está obligado a pagar por la propagación de aquello que considera falso y malvado y la supresión de aquello que entiende ser verdadero y bueno.”
La masificación de la especie, propósito declarado de todo colectivista, lleva a la humanidad a su segura destrucción. El hombre no comparte con las demás especies la característica que permite sobrevivir a éstas: adaptarse al medio ambiente. Por lo contrario, su naturaleza determina como método de supervivencia lo opuesto: debe acomodar al medio ambiente a sus propias necesidades. Este fin, diametralmente opuesto al dejarse llevar, al adaptarse, exige, claro está, una actividad compleja que sólo el ser humano es capaz de realizar: entender la realidad, comprender sus leyes resultantes y aplicar la imaginación para adaptar los materiales de la realidad - los elementos físico-químicos - a sus necesidades, siendo la imaginación la facultad de reordenar los elementos de la realidad para alcanzar valores humanos. La imaginación no funciona en un vacío: requiere del conocimiento de los elementos que se desean reordenar.
La compulsiva educación colectivista es la culpable directa del estado de neurosis permanente que hoy en día predomina en el mundo. La desindividualización no logró ni logrará jamás cambiar al ser humano hasta el punto de dejar de ser lo que es: Hombre-Individuo. Solamente logra aplastar esa característica esencial con toneladas de miedo político y social que incluyen la adoctrinación del ser humano para transformarlo en aquello que no es: masa informe. El resultado es la desintegración social (un proceso de reversión: la bestialización del hombre), el desatado odio hacia los demás expresado en el terrorismo (explosión directa de quienes han sido privados, sin saberlo, de su individualidad y su racionalidad), la falta de toda creatividad artística (barbudos y desaliñados “artistas” produciendo la injustificable y repugnante expresión adulta de las manchas con las cuales los niños tratan de representar la realidad que los rodea), las manadas de hippies y sectarios cínicos y amargados que retornan a las épocas cavernarias, la universalización de la drogadicción como única pero horrorosa válvula de evasión de un mundo que el colectivismo produjo, como evidencia de su malevolencia metafísica, a su imagen y semejanza, y cuyo único resultado posible es una acelerante degradación de la especie.
El proceso de masificación, que se encuentra en el origen de los resultados arriba descritos, comienza ya en los primeros años de vida del niño, A decir verdad, son éstos los años decisivos. Lo son tanto que han permitido decir a los jesuitas: “Dadnos un niño durante siete años y después podréis hacer lo que queráis con él." O sea, lo habrán deformado - como Comprachicos - en un obediente robot, Es en estos años que se le niega al niño el contacto directo con la realidad. Se le enseña - o sea, se lo compele - a adaptarse a lo que “la sociedad” demande. De hecho, se lo compulsa a ajustarse a lo que la sociedad - el grupo dirigente - determine; no a conocer la realidad. Esta es presentada como algo cambiante, inseguro, en lo que no se puede fiar. Se provoca así un estado de confusión permanente en un cerebro que es una hoja en blanco y que necesita desesperadamente datos informativos, y se obtiene el resultado apetecido: una mente insegura que se adhiere fácilmente a lo que dicten los mayores: los maestros primero, los conductores espirituales después, finalmente el estado dictatorial. La religión participa en forma permanente y activa de este proceso. A lo largo del mismo, la mayoría se somete; en una minoría el clima de rebelión - el individuo que intenta reafirmarse frente a un orden que no le es propio y que quiere destruirlo - es constante.
Pero si el hombre quiere sobrevivir como especie depende de una individualización cada vez mayor de cada uno de sus componentes. Cada hombre debe sobrevivir y progresar POR SI MISMO. Existe una estructura social - el Capitalismo - donde se dan las condiciones exactas para esta meta, pero en este artículo deseo llamar la atención a otro aspecto de la cuestión: PARA SOBREVIVIR. El. SER HUMANO NECESITA INFORMACIÓN, NO UNIFORMACIÓN.
Existe un solo método de enseñanza basado en el respeto de la individualidad de cada niño y es el que creó la Dra. María Montessori (1870-1952) en su nativa Italia. El método ha sido ideado para los niños en sus primeros años de vida y es tan evidente en su propósito de lograr Hombres-Individuos que los colectivistas lo reconocieron de inmediato como enemigo insoslayable. Cuando los fascistas llegaron al poder en Italia ordenaron la clausura de todas las escuelas donde se aplicaba el sistema creado por María Montessori. En Alemania y Austria - en los años que fueron regidos por el nazismo - se quemaron efigies de la pedagoga sobra piras de sus propios libros, en parques públicos en Berlín y Viena.
El sistema Montessori hace hincapié en lograr que el niño comprenda, en primer lugar, conceptos elementales tales como altura, espesor, forma, textura, color, sonido, etc. y que tome conciencia de que la realidad no es caprichosamente cambiante sino que cada cosa tiene un lugar adecuado, que el mundo que lo rodea es comprensible e inteligible, que las cosas no desaparecen inexplicablemente y que él está capacitado para tratar con ellas. Esto quita el factor "miedo" de una mente que se está formando, lo cual, a su vez, brinda una plataforma de seguridad sobre la cual puede, confiadamente, adquirir nuevos conocimientos. El resultado es una consciente sensación de auto-suficiencia (son los materiales quienes le indican el proceso de ordenamiento objetivamente correcto y no necesita, por ello, depender de la "autoridad de los adultos”) y una creciente individualización. Este es el origen mismo de hombres capaces de sobrevivir y progresar por sus propios medios.
Ayn Rand explicó así el proceso: ‘Dado que el propósito de los materiales de Montessori es ayudar al niño en el desarrollo de su conciencia, o sea entender la naturaleza de la realidad y aprender a tratar con ella - la rigidez de los problemas que debe resolver provee la lección más importante que aprenderá jamás: le enseña la Ley de Identidad (A es A). Aprende que la realidad es un absoluto que no puede ser alterado por caprichos y que si quiere tratar adecuadamente con ella debe hallar la única respuesta correcta. Aprende que un problema tiene una solución y que él tiene la habilidad de resolverlo, pero que debe buscar la respuesta en la naturaleza de las cosas con las que trate y no en sus sentimientos. Esto lo prepara, desde sus primeros pasos cognitivos, para el momento en que, siendo adulto, entienda el principio de que “la Naturaleza, para ser comandada, debe ser obedecida" - momento éste en que tal principio se habrá automatizado en su mente. Todo intento de “educar al soberano” con inseguridad, caprichos y atemorización produce los pobres neuróticos que claman contra "la tiranía de la realidad’” (de "The Montessori Method", por Beatrice Hessen - The Objectivist/Julio de 1970).
Son los padres - especialmente aquéllos que no lograron superar individualmente el proceso oficial de uniformación - quienes deberían considerar con especial dedicación esta cuestión en relación con sus hijos. El mundo que produjo el colectivismo podrá ser el “ideal” de intelectuales y políticos pusilánimes y malvados, pero no podrá serlo jamás para hombres que, aun educados en la colectivización, todavía retienen en sí la capacidad, no importa cuán vagamente, de desear un mundo mejor para sus hijos. Tal mundo mejor no se logra aferrándose a lo que yo llamo “La Noria del Arroró”, el obstinado canto de sirena de que las cosas son así y no pueden ser rectificadas, sino tomando la decisión de repensar la situación, de no aferrarse a lo que los hipnotizantes Comprachicos quieren hacernos creer. El hombre no es masa informe sino Individuo. La repetitiva deformación física no tiene efectos genéticos (la circuncisión es una de las tantas pruebas de ello). No menos cierto es el efecto de la deformación mental inducida por los colectivistas. Miles de años de obligar a los hombres a comportarse como masa informe jamás logró ni logrará jamás un engendro semejante. Los hombres nacen como Individuos. Pero es la misión de su vida afirmarse como tales.
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Nota: El original en inglés del presente artículo fue publicado en las páginas del Web de "Rebirth of Reason" (http://rebirthofreason.com/Articles/Schieder/ALIGNING_the_CITIZEN.shtml). Traducción al castellano del autor.

Monday, June 29, 2009

La Degradación del Arte

por Manfred F. Schieder




"El arte de cualquier período de la cultura es un fiel reflejo de la filosofía de esa cultura."

(de "Los principios básicos de la literatura", por Ayn Rand)

En su libro "Picasso no era un Charlatán" presentó el exquisito humorista que fuera Ephraim Kishon, un fino pero despiadado crítico del "Arte Moderno", el testamento intelectual de Pablo Picasso, un documento que los responsables de los pintarrajos "modernos" que nos rodean han ocultado cuidadosamente.

Lo que sigue son palabras documentadas de Pablo Picasso quien no las desdijo en ningún momento, a pesar de continuar viviendo por 21 años después de su publicación en 1952: "Dado que el arte ya no es el alimento de los mejores, puede usar el artista su talento para aplicarlo a todos los cambios y caprichos de su fantasía. Esto abre a su charlatanería todos los caminos. La población en general ya no encuentra ni solaz ni elevamiento en el arte. Pero los engreídos, los ricos, los inútiles y todos aquéllos que quieren llamar la atención sobre sí mismos, encuentran en el arte lo extraño, lo original, lo excéntrico y lo chocante. Yo mismo complací a mis críticos con incontables bromas que ideé y que admiraron tanto más cuanto menos las entendieron. Hoy en día no soy solamente famoso sino también rico. Pero cuando me encuentro a solas conmigo mismo, no puedo considerarme un artista en el sentido sublime de la expresión. Grandes pintores fueron Giotto, Ticiano, Rembrandt y Goya. Yo soy solamente un payaso que entendió a su tiempo y supo sacar ventaja de la estupidez, lascivia y vanidad de sus conciudadanos."

"Picasso no fue un payaso," agregó Kishon, "ni un impostor, pero sí un comentarista sarcástico de un tiempo confundido, un cronista brillante de la estupidez humana."

La distinguida filósofa Ayn Rand dijo: "Hoy en día, en el momento de su triunfo casi absoluto, se alzan las voces del eje místico-colectivista-altruista en un solo gemido de desesperación, proclamando que la existencia sobre la tierra es malvada, que la futilidad es la esencia de la vida, que el desastre es el destino metafísico del ser humano, que el ser humano es un fracaso miserable, depravado por la naturaleza e inepto para existir." (de "La bancarrota intelectual de nuestros tiempos")

Ha perdido la humanidad, manejada por el eje citado, la noción de la belleza y el sentido de la vida o es el "arte moderno" meramente la expresión de los engañadores e impostores de la estética?Analicemos esto con mayor detalle. El universo es regido por leyes físico-químico-matemáticas de precisión absoluta. No puede actuar de manera distinta a como lo hace, porque éste es su procedimiento mecánico intrínseco. El universo es sus leyes y éstas son el universo mismo. Existe, pues, en una interconexión completa consigo mismo.

Los seres humanos, como producto y parte del universo, se encuentran sometidos a las leyes que son el universo mismo. Empero, el universo no nos impide que desobedezcamos sus leyes. Dado que sobrevivimos en base al uso de la facultad de la razón, esa facultad especial que nos caracteriza y distingue de todas las demás especies, podemos pensar y, de acuerdo, ello nos obliga a decidir. Pero la facultad de la razón incluye la capacidad del libre albedrío, lo cual nos permite tomar, intencionalmente, decisiones erradas. Empero, las decisiones erradas llevan a que seamos castigados por la realidad.Mientras que los pensamientos productivos nos llevan a progresar, pensamientos destructivos llevan al fracaso, el cual no necesariamente será inmediato pero, como lo demuestra la historia, es inevitable, involucrando muchas veces la muerte de muchas personas. Nadie se encuentra exento de esta regla, sin importar cuan elevada sea su posición social o política o cuantas medallas decoren su pecho. Y si alguno de nosotros pensase que su decisión personal no cuenta y que de todas formas es inútil oponerse a los errores cometidos por otros, habrá agregado su parte de culpa a la creación de un mundo malévolo, un mundo donde los Stalitlers y los jerarcas místicos de todo tipo y color imponen sus sistemas dictatoriales.

La filosofía que predomina a escala mundial entre la población en general y que fuera y es impuesta por los existentes niveles intelectuales, provee la base misma para el surgimiento y la existencia de sociedades maléficas. Cada uno de nosotros es, pues, y cuán levemente que ello fuese, personalmente responsable por no oponerse a ello, siendo el arte tanto el resultado como el vocero de la filosofía que respalda tales situaciones.Los modernos pseudo-artistas han olvidado las hermosas palabras expresadas por ese escritor exquisito que fuera Oscar Wilde: "El arte es belleza". El lema actual es exactamente lo opuesto: la fealdad, el absurdo, la hostilidad contra todos los valores humanos positivos es lo que se encuentra a diario en las exhibiciones de "arte moderno", los así llamados teatros de vanguardia y otras tantas atrocidades. Ni siquiera la música sinfónica y las óperas han sido capaces de evadir tan feroces ataques.

Los Pollocks, los Nitsch y los Beuys del mundo esparcen sus tarros de pintura sobre lienzos vírgenes o tiran sus absurdas aberraciones en derredor. Los ejemplos abundan: la "Deutsche Gallerie" de Berlín, adquirió un lienzo de 3 x 6 metros cubierto con tres salpicaduras de color por 2.300.000,00 dólares obtenidos de los impuestos contribuídos obligatoriamente por una población productiva a la que no se le permitió opinión alguna en el asunto.

Música atonal y dodecafónica (o tendría que llamarla "cacofónica"?) representan la disonancia de la ignorancia que existe en las mentes aturdidas de quienes adhieren a la maliciosa filosofía que rige a la población humana. Los teatros de "vanguardia" presentan un mundo "artístico" similar a las escenas que pueden encontrarse en los institutos de psiquiatría: seres irracionales que no sólo despiertan en nosotros sentimientos de piedad sino de verdadero terror, dado que muestran lo que sucede a un ser humano normal cuando comete una contradicción contra sí mismo o cuando pierde o se separa de la capacidad de la razón. Su decrepitud es aún más aberrante que toda deformidad física y, en consecuencia, su ofensa hacia seres humanos racionales no podría ser más evidente.

Los irracionales tipos de sociedad en que nos encontramos han invadido incluso el área artística de la moderna tecnología de la computación. Utilizando las técnicas de programación, gráfica y sonido más avanzadas, la mayoría de los juegos de computación de hoy en día presentan oscuras cavernas de las vergonzosas Edades Oscuras, con su carga de criaturas deformes y maleficios imposibles. Es hacia las mentes jóvenes y vírgenes que se lanzan estos monstruos imposibles, mentes cuyo desarrollo es, en consecuencia, destructivamente deformado. Bajo estas circunstancias, no ha de sorprender la astrología y sus hor(r)óscopos y otros tantos fraudes, tales como las sectas religiosas y políticas y su meta de destruir a la razón, gocen hoy en día de tanta popularidad.

La alegría de la vida y el romanticismo se han refugiado en las mejores expresiones de la ciencia-ficción, tales como fueron presentadas por H. G. Wells, Ray Bradbury, Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. Los Victor Hugos, Ibsens y Rostands aparecen esporádicamente en la pantalla de la televisión a través de series tales como "La Dimensión Desconocida" de Rod Serling, un autor que eligió situar sus románticas ideas en lugares imposibles. La racionalidad reaparece en caracteres tales como Mr. Spock en la serie "Star Trek" y algunas historias relacionadas escritas por Sondra Marshak y Myrna Culbreth, que reconocen la influencia ejercida por Ayn Rand en sus novelas.

Afortunadamente todavía proveen las artes gráficas seguro refugio a muchos artistas que quizás no sean tan conocidos pero que todavía no han perdido el sentido de la belleza. Sus dibujos y pinturas, a pesar de no ser adquiridas por millones de dólares en alguna subasta del arte, muestran la belleza del mundo que nos rodea y presentan seres humanos pletóricos de vida. Entre ellos puedo citar a Pierre Doutreleau, un pintor que muestra el vibrante sentido de la vida moderna y de la enaltecedora arquitectura de los rascacielos. En esa misma línea pueden citarse la ilustraciones de Boris Vallejo y similares. Si bien las ilustraciones son consideradas, en general, como un arte menor, incluyen las exquisitas pinturas y dibujos de las "pin-up" a través de artistas tales como el ya difunto Alberto Vargas.

En un mundo que constantemente realza la preeminencia de la fealdad y la violencia, es imperioso comenzar a difundir ideas basadas en la razón, introducir cursos de la filosofía del Objetivismo en escuelas y universidades, porque ésta es la única forma de echar de lado las contradicciones existentes entre el anquilosado sistema social y la consecuente falta de desarrollo intelectual todavía existentes y el extraordinario avance científico y tecnológico de la humanidad. Si no se desecha definitivamente al todavía existente y dominante eje místico-colectivista-altruista, vendrá el momento en que las ciencias mismas serán eliminadas, una meta que constituye el propósito esencial de todos los ambientalistas y que devolverá a la humanidad a un estado de repugnante ignorancia, un tipo de existencia que de manera alguna puede ser llamada "humana" y que Ayn Rand presentó en líneas de remarcada precisión en su novela "Himno", una "sociedad" que ni siquiera merece ser llamada así, de claro carácter colectivista, donde se ha perdido incluso el uso de la palabra "Yo" y donde se han prohibido los inventos, ya que los mismos podrían destruir el eterno estado de "status quo" que desean los auto-establecidos dictadores.

Empero, es a consecuencia del crecimiento del cerebro humano, ocasionado por el mecanismo de la evolución, que la permanencia de tal estado de inmovilidad se convierte, a su tiempo, en una situación completamente insostenible que, necesariamente, termina en revoluciones, levantamientos y guerras que se podrían evitar si se cambiasen las condiciones existentes.

En consecuencia, donde interviene el arte para reemplazar a las sociedades místico-colectivistas-altruistas por un sistema adecuado a individuos racionales y libres?

"El arte es una forma concreta de la metafísica," ha dicho Ayn Rand, para añadir: "El arte lleva los conceptos del hombre al nivel de percepción de su conciencia y le permite captarlos en forma directa, como si fueran percepciones." (de "La Psico-Epistemología del Arte")

Esta declaración aparentemente tan compleja puede ser explicada detalladamente como sigue. A través de ella entenderemos la función que lleva el arte en la fundación de un sistema social radicalmente distinto al ahora existente, un sistema basado en el eje Razón-Individualismo-Capitalismo que corresponde de manera clara y precisa al estado moderno de las actividades y necesidades humanas.

Analicemos esto paso a paso. Obtenemos la información primaria a través de la percepción, o sea a través de nuestros sentidos, que envían a nuestro cerebro los datos que reciben de nuestro alrededor. La opinión kantiana, directamente relacionada con Platón, de que lo que vemos no es real por ser aparentemente una representación falsa de los sentidos mismos, es falsa de por sí, ya que nuestros sentidos, siendo un producto de la evolución misma que opera con la realidad que los rodea, son simplemente sensores que transmiten al cerebro las sensaciones producidas por ese entorno absolutamente real, a menos que estos sensores se encuentren dañados (como sucede, por ejemplo, en el caso del Daltonismo), una condición que puede ser identificada y corregida, ya que la percepción es la totalidad de las sensaciones relacionadas.

Específicamente percibimos un objeto en sí así como el ambiente en el cual la percepción tiene lugar. Nuestros sentidos transmiten lo que la realidad provee. Cuando vemos que una paja inmersa en un vaso lleno de agua parece quebrada, podremos errar en nuestra evaluación del hecho mismo, pero la información que recibimos es en sí correcta. Nuestros sentidos adicionales proveerán la prueba de que la paja no ha sido dañada al ser introducida en el vaso, reduciéndose todo a un fenómeno visual peculiar al comportamiento de la luz al cruzar una barrera líquida.

Lo que percibimos es, pues, una entidad que tiene su propia identidad. Ser es ser algo, lo cual significa que la existencia y la identidad forman una unidad. No puede haber identidad sin un existente que la respalde. Todo lo que existe, existe como unidad, aún cuando es un miembro dentro de un juego de dos o más unidades. La capacidad de reconocer cada cosa existente como una unidad es una forma de cognición distintiva del ser humano.

En el paso siguiente distinguimos características similares, pertenecientes a dos o más existentes, reteniendo estas características comunes pero dejando sin considerar los materiales que los constituyen, sus tamaños, etc. Ahora podemos acuñar una palabra que simbolice estas características comunes. Esa palabra es un concepto, mediante el cual podemos identificar una infinidad de existentes con un mínimo de identificación y un máximo de economía.

Esto nos permite formar conceptos tan variados como "cama", "silla", "mesa", etc. La relación existente en las características comunes de los conceptos es idéntica a la relación existente entre símbolos algebraicos y los números, donde las letras simbolizan a cualquier número. Este proceso fue detallado con extrema precisión por la filósofa Ayn Rand en su obra "Introducción a la Epistemología Objetivista".

Los conceptos mismos pueden ser unidos entre sí conectando las características comunes de dos o más de ellos, agregando las nuevas características que puedan resultar de la conexión en sí y que sean comunes a todos ellos, siempre dejando sin considerar los tamaños y materiales involucrados y recordando que, sin importar cuan grande sea el número de existentes involucrados, han sido unidos epistemológicamente en una unión común para economizar el proceso del conocimiento. Este concepto nuevo, más elevado, no tiene, empero, ningún elemento unitario tangible en la realidad misma. Es una abstracción de los conceptos que reúne. En consecuencia, el concepto "mueble", que no existe como unidad en la realidad, representa e incluye los conceptos de "silla(s)", "mesa(s)", "ropero(s)", "cama(s)", etc. Mediante la nueva abstracción pueden ser diferenciados como familia de otros conceptos que también tienen características comunes, tales como "puerta(s)", "ventana(s)", "pared(es)", etc., todos los cuales son parte de un "edificio" (otro concepto de nivel más elevado). El concepto que reúne a estos conceptos abstractos - "casa" - conectado al concepto abstracto "muebles" y muchos, muchos más, todos ellos dependiendo del concepto principal "ser humano", forma una nueva abstracción: "hogar".

La totalidad del proceso es, naturalmente, mucho más larga y mucho más compleja, ya que se conecta directamente con el concepto "conciencia" y las definiciones de todos los demás conceptos, etc., hasta el nivel de los axiomas, que son en sí mismos abstracciones que incluyen y contienen a todas las abstracciones y conceptos particulares, cerrando así el ciclo completo y retornando a sus orígenes, las percepciones de lo realmente existente que, dado que existen, se hallan unidas al axioma-abstracción general de "Existencia" (Lo que es, es - A es A, - Aristóteles). Lo que antecede alcanza, empero, para el propósito de este artículo.

La estética, el quinto pilar de la filosofía, se encarga de la visualización de las percepciones y abstracciones.

"El arte," definió Ayn Rand, "es la re-creación selectiva de la realidad, de acuerdo con los juicios de valor metafísico del artista." Esto significa que cualquiera que fuese la filosofía que explícita o implícitamente forma su "sentido de vida", ella determinará las obras que produce y que presenta al mundo. Esto implica no solamente cómo entiende el artista a la existencia misma, sino también cómo quiere que los demás la vean. En consecuencia, una visión de la vida, una filosofía que entiende a la vida como mera "preparación" para la vida "real" que supuestamente existe después de la muerte y que se halla poblada por supuestos seres "superiores" - dioses, santos, etc. - producirá obras de arte directamente relacionadas con tal punto de vista - como sostienen las religiones - y si desprecia la existencia real de los mismos seres humanos, como lo hace la religión islámica y religiones similares, no permitirá a sus "artistas" siquiera pintar o dibujar figuras humanas; su tarea se reducirá al arte caligráfico y/o decorativo, y quedará sujeto a pintar o dibujar arabescos, meros diseños de líneas, formas o frases, procediendo éstas principalmente del Corán. Una sociedad basada en tal entendimiento de la humanidad (a consecuencia de su comportamiento inhumano ni siquiera puede ser considerada como "civilización") no puede avanzar hacia un Standard de vida superior; desprecia a la ciencia y la tecnología, y solamente acepta los descubrimientos e invenciones logradas por los foráneos hasta donde ellos sean requeridos para negociar lo esencial para vivir o para usarlos con el fin de destruir y/o esclavizar a las civilizaciones "infieles". Ser obligado a actuar así agrega más fuego a su odio contra las comunidades más libres que, de acuerdo con sus creencias, no merecen tal opulencia. Esto, claro está y de ninguna manera inesperadamente, excluye a los dirigentes, quienes suelen rodearse de las más lujuriosas posibilidades disponibles.

Esta perversa manera de considerar a la vida humana se aplica especialmente a las mujeres, quienes son las creadoras de futuros seres humanos y, como tales, son permanentes recordatorios de la verdadera existencia, la terrenal. Ellas son consideradas meros enseres que valen "menos que un camello" y son solamente útiles para crear futuras carnes de cañón terrorista a ser enviada contra los infieles, algunos de los cuales pueden ser otros islamitas, si bien ha de esperarse que pertenezcan a una secta opuesta. De acuerdo, se obliga a las mujeres a permanecer dentro de las casas y cubrirse con vestimentas que oculten sus figuras, ya que sus formas corporales podrían recordar a los hombres de la tribu cuan bella puede ser la vida real. La regla de que las mujeres deben cubrirse de pies a cabeza, lo cual es el más evidente ejemplo del tortuoso tipo de existencia que este tipo de "sociedades" considera adecuado a sus creencias, condena a las mujeres a permanecer horrorosamente ignorantes, aplicándoseles incluso el proceso de la infibulación para quitarles también la más mínima posibilidad de conocer la felicidad. No puede existir un ejemplo más evidente de cuan profundamente detestan estas "sociedades" el más mínimo signo de existencia humana, todo ello dejando momentáneamente de lado que obligar a las mujeres a ocultar sus cuerpos es un pecado estético, ya que la belleza del cuerpo femenino es una verdadera maravilla de la evolución misma.

El verdadero artista, consciente de su responsabilidad hacia sí mismo y hacia la sociedad de la que obtiene, por intercambio, sus medios de sustento, visualiza a través de sus abstracciones el carácter positivo del ser humano y lo demuestra en sus escritos, sus pinturas, sus dibujos y sus esculturas, en la música, la arquitectura y las demás bellas artes.

Otros, empero, que quieren obtener ventajas de la credulidad humana, proceden mediante el engaño intelectual en las variadas formas del mismo, incluyendo, naturalmente, la política. Picasso es un claro ejemplo del artista que entendió lo que ciertos de sus contemporáneos estaban dispuestos a pagar y promover. Y mientras él mismo, como ya se demostró a través de su testamento intelectual antes citado, no estaba intelectualmente dispuesto a participar en este engaño, lo usó, empero, en su beneficio financiero, construyendo sus propios pueblos de Potemkin que los encumbrados pagaron con su estupidez, en la errada creencia de que con ello evidenciaban su elevada intelectualidad. Habrá reunido con ello una fortuna, pero actuó inmoralmente. Fue un engañador y un estafador de la conciencia humana.

Veamos qué puede transmitir un verdadero artista a través de sus obras a partir de una abstracción dada, por ejemplo el concepto de "hogar". Para los artistas de la época del "Biedermeier" (1814 - 1842) el concepto "hogar" simbolizaba el ascenso de la burguesía, la elevación de los nuevos y productivos empresarios, industriales y comerciantes, un lugar de descanso, solaz y felicidad para ellos y sus familias. Esto, empero, no excluyó la necesidad de expresar críticas sociales. Un pintor de grandes valores como fue Ferdinand Georg Waldmüller (1793 - 1865) era muy capaz de señalar detalles que el observador casual no reconocía de inmediato, detalles tales como los sonrientes y juguetones niños que, momentáneamente ajenos a su propia pobreza, se divierten junto con otros niños, no conscientes de su propia posición de bienestar, como se puede observar, por ejemplo, en su idílico cuadro "Comienzos de la primavera en los bosques de Viena".

Eugene O'Neill presenta hogares despedazados por profunda desesperación, depresión y odio hacia la sociedad, con situaciones que reflejan su propia inquietud y su visión de una vida triste y depravada. Tennessee Williams agregó chocantes detalles de perversión a su descripción de hogares y desgraciados seres contrarios a aceptar la hipocresía de la moral impuesta por religiones, mientras que Andrew Wyeth pintó escenas de granjas americanas que contienen figuras que representan esperanzas largamente aguardadas.

La manera positiva de enfrentar las adversidades de la vida se presentan en las obras de Victor Hugo, Henrik Ibsen, Edmond Rostand y Ayn Rand y, recientemente, en películas tales como la representación de Will Smith de la historia real de un hombre que lucha contra todas las adversidades en el film "En busca de la Felicidad", descripción de seres humanos capaces de lograr sus propias metas aplicando su férrea voluntad, seres que construyen, pues, su propio destino. En particular, Ibsen opone los logros individuales a la mera descripción naturalista como fuera plasmada por Johann August Strindberg (1849 - 1912), un escritor de tendencias socialistas que usaba tales narraciones en procura de su propia meta de oponerse al ascenso burgués.

Dado que nuestro cerebro utiliza el mecanismo de la abstracción para poder manejar la enorme cantidad de información que la realidad provee de continuo a nuestros sentidos y siendo el arte la concretización de las abstracciones resultantes, puede éste no solamente ratificar nuestras convicciones, o sea nuestro "sentido de la vida" sino actuar también como una poderosa herramienta para transmitir nuestras ideas, tornándose así en un medio adecuado para difundir y establecer una tendencia filosófica o una línea política definida. Así puede utilizarse el arte como línea divisoria frente a sistemas sociales establecidos pero errados presentando ideas innovativas y fortificantes a favor de una forma social distinta y correcta. Como el arte concretiza las abstracciones, se dirige a través de nuestros sentidos directamente a nuestros sentimientos, como puente que cubre el espacio a nuestros pensamientos conscientes.

El punto de vista de que el ser humano no puede realizar ni tiene derecho de perseguir sus metas y que la vida consiste en vivir para la colectividad, lo cual finalmente equivale a vivir para el prójimo, como propósito exclusivo de su vida, queda evidenciado mediante la actual degradación del arte. Quienquiera considere que el ser humano carece de la capacidad de realizar sus metas, de que enfrenta un universo oscuro e incomprensible, de que no es una persona racional sino meramente emocional, que se encuentra sometido sin esperanzas a un mundo caprichoso e inexplicable, se verá representado por un "arte" que carece de toda conexión con la realidad, donde los lienzos están o bien tan vacíos o tan repletos de suciedad como su propio vacío cerebro, donde las esculturas carecen de toda forma o representan a monstruos que adoptan forma humana cuando el ser humano descarta su propia característica de ser racional, donde la literatura, el teatro y el cine describen inutilidades, donde las drogas son el único alivio de su fracaso y la criminalidad se convierte en su "filosofía de vida" para eliminar a todo posible competidor y renunciar a toda colaboración productiva. Como dijera Francisco Goya, el pintor español (1746 - 1828): "El sueño de la razón produce monstruos". "La desintegración es la clave y el logro del arte moderno," indicó Ayn Rand en "El Arte y la Cognición", "la desintegración de la facultad conceptual del hombre y la regresión de una mente adulta al estado infantil."

Ese perverso punto de vista puede observarse políticamente en el permanente reclamo de los ambientalistas de detener el progreso científico mediante el control de su desarrollo, una proposición que de ser aceptada terminaría rápidamente con el progreso científico. Asimismo podemos observarlo en las confederaciones de estados, tales como la Comunidad Europea, inspirada por los colectivistas de todo tipo y color, para lograr el control y la restricción de los ciudadanos a través de una continua emisión de reglas y el incesante incremento de las burocracias estatales en procura del establecimiento de una dictadura mediante un "gobierno mundial".

Quizás eventualmente vuelva a abrir la humanidad las puertas al nazismo, al comunismo y a las teocracias tales como son las islámicas, lo cual nos retrotraerá a tiempos que considerábamos ya pasados. Las actuales actividades del degradado arte demuestran que tan aciaga y malévola posibilidad puede tener lugar.

Ello prueba que así como los sucesos en el universo tienen una relación directa entre sí, así también sucede con las ideas (o la falta de las ideas correctas) y su incorporación a las sociedades humanas. Los hechos tienen consecuencias y las metas racionales, productivas y pacíficas requieren métodos no menos racionales, productivos y pacíficos. El arte degradado puede llevar a la civilización a su destrucción; por lo contrario, si se basa en la filosofía correcta, también puede elevar a los individuos que forman parte de ella a alturas asombrosas.

Ayn Rand construyó con sus novelas filosóficas y sus escritos analíticos que cubren todas las áreas de los esfuerzos intelectuales y prácticos de los seres humanos, un conjunto inquebrantable de contenido y sistema, la fórmula racional-egoísta-liberal y el método dialéctico que forma la base y la estructura para lograr el establecimiento consistente y permanente de una civilización plenamente humana en todo aspecto de su existencia, tanto en metafísica como en epistemología, ética, política y estética. La enseñanza y la difusión de la filosofía del Objetivismo es la herramienta adecuada para construir un mundo de ideales positivos y sus logros productivos. Frente a la presente amenaza de una salvaje carencia de civilización que quiere difundir su veneno de incivilidad religiosa y su odio demoledor sobre el mundo moderno, no hay tiempo que perder.

A pesar de ello existe una significativa cortina de silencio que reprime las enseñanzas de Ayn Rand y existen demasiado pocos canales de difusión para promoverlas. El "arte moderno" toma parte en esta conspiración, aún cuando muchos de sus "artistas" ni se han percatado de ello. Si la labor destructiva del "arte moderno" continúa y no es detenida, la cuenta regresiva que comenzó hace aproximadamente 150 años terminará con la evolución del intelecto humano y, en consecuencia, con la evolución de la mente misma.

La falta de atención hacia los artistas de la línea del "Romanticismo Realista" que presenta la realización del Objetivismo en el área de la estética es increíble y seguramente forma parte de la cortina de silencio ya mencionada. Es, en consecuencia, imperativo difundir la estética filosóficamente positiva y correcta, y su aplicación a nivel internacional es urgente para evitar las peligrosas y perniciosas nubes de tormenta que se ciernen sobre el futuro de la humanidad.

Nota: El original, en inglés, del presente artículo fue publicado en las páginas del Web de "Rebirth of Reason" Traducción al castellano del autor.

Monday, June 08, 2009

Esta Cosa Extraña Llamada Capitalismo

por Manfred F Schieder

"La justificación moral del Capitalismo radica en el hecho de que es el único sistema consonante con la naturaleza racional del hombre, que protege la supervivencia del hombre qua hombre, y cuyo su principio rector es: la justicia” - de "¿Qué es el Capitalismo?", por Ayn Rand.

Una reciente, pequeña y corta discusión familiar relacionada con una declaración del Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, en una fiesta celebrada el 25 de septiembre de 2008 en Toulon, "El Capitalismo se ha descarrilado" y, por lo tanto, debe ser controlado y dirigido (por los políticos y, evidentemente, demás burócratas y servidores públicos), trajo a mi atención que no sólo Sarkozy y sus seguidores ( Merckel de Alemania, Chávez de Venezuela y, por supuesto, las Naciones Unidas y otras organizaciones inútiles) desconocen totalmente el significado de CAPITALISMO (una palabra que merece ser escrita en letras mayúsculas por cada defensor de la libertad y del libre albedrío). Muchos de los que tienen una posición de poder y que atribuyen la actual situación mundial a un ente no-existente, es decir, al Capitalismo, son definitivamente malévolos y se aprovechan de una situación evaluada erróneamente para confundir al ciudadano común, cuyo propio concepto sobre lo que es el Capitalismo, enseñado en escuelas, colegios, etc., no es menos equivocado, y todo en conjunto, siguiendo un plan para alcanzar la plena y total dominación de la humanidad. "El Big Brother" se está acercando, si no es que ya está aquí! La reciente aprobación de una nueva Constitución, de izquierda, en Ecuador, por el 63% de los votantes, confirma esto aún más.
Esto me movió a escribir este artículo, plenamente consciente de que, otros antes que yo, han presentado un análisis del tema mucho más profundo y más complejo. Sin embargo, habría poco que leer y prácticamente no habría del todo literatura, si se dejase, sólo a unos cuantos intelectuales aprobados oficialmente, el escribir sobre un determinado tema. La mía es, por así decir, una aproximación más bien "popular" a la cuestión.
En primer lugar, debo decir, y lo hago de manera muy clara, que Sarkozy y sus secuaces están evidentemente, cometiendo un gran error, ya que no hay forma de poder menoscabar un cero, porque no existe, simplemente no existe, y no puede, por tanto, "descarrilarse" de ninguna manera.
El Capitalismo nunca se ha aplicado en ningún lugar, ni en ningún momento hasta ahora, y cómo están desarrollándose las cosas en todo el mundo, no parece que haya mayor oportunidad de que sea establecido, al menos en el futuro próximo. Lo que ha existido hasta ahora y sigue existiendo, es el feudalismo, un sistema en el que un jefe supremo, o una combinación sinérgica de señores, determina el curso de acción sobre la base de sus caprichos, permitiendo o prohibiendo, decidiendo que se produce y cómo se produce o como se va a distribuir, siguiendo un laberinto de comandos (leyes) y de impuestos (un chanchullo oficial). Sin embargo, la naturaleza de la supervivencia personal sigue sus propias reglas y, por tanto, algunas de las leyes económicas comunes del Capitalismo han actuado en todo tipo de sociedad e incluso se han colado de contrabando, ellas mismas, en forma muy rudimentaria, en el feudalismo de los tiempos actuales. Ludwig von Mises demostró claramente la ausencia de Capitalismo en su obra maestra "La Acción Humana" (parte I, capítulo 3.2): "Los ricos, los propietarios de las plantas actualmente en funcionamiento, no tienen ninguna clase de interés en el mantener la libre competencia. Se oponen a la confiscación y la expropiación de sus fortunas, y sus intereses propios están más bien en favor de medidas que impidan a los recién llegados disputar sus posiciones. Los que luchan por la libre empresa y la libre competencia no defienden en forma alguna quienes son hoy ricos y prósperos. Por el contrario, lo que quieren es despejar el camino a personas desconocidas y humildes hoy para que sean los empresarios del mañana, quienes con su ingenio eleven el nivel de vida de las masas.
Todo lo que quieren es contribuir a una mayor prosperidad y a optimizar la economía. Son ellos la vanguardia del progreso”.
La llamada "economía social de mercado", también pertenece a la zona del feudalismo y aquí de nuevo el genio de Ludwig von Mises lo demostró más dramaticamente en "La Acción Humana" (Parte 6, Capítulo 27.3): "Los intervencionistas repiten una y otra vez que no quieren abolir la propiedad privada de los medios de producción, de las actividades empresariales, y del intercambio mercantil. En este sentido los representantes del "Soziale Marktwirtschaft" alemán (economía social de mercado), la más reciente variedad de intervencionismo, hacen hincapié en que consideran la economía de mercado como el mejor y más conveniente sistema de organización económica de la sociedad, y se oponen a la omnipotencia gubernamental del socialismo. Pero, por supuesto, todos estos defensores del centro de la vía hacen hincapié en la política con la misma energía que rechazan el liberalismo Manchesteriano y del laissez-faire. Es necesario, dicen, que el Estado interfiera los fenómenos del mercado cuando y donde el "libre juego de las fuerzas económicas" produzca condiciones que aparezcan como "socialmente" indeseables. Creen que el gobierno debe decidir en cada caso lo que es y lo que no es "socialmente” deseable. Al hacer esta afirmación dan por sentado que es el Gobierno quien está llamado a estipular, en cada caso, si un hecho económico definido se ha de considerar como reprobable, desde el punto de vista "social", y en consecuencia, facultar ampliamente a la burocracia para determinarlo”.
¿Qué es entonces el Capitalismo?
Dado que cualquier regulación de la economía y de sus funciones por el gobierno, así como el manejo de las tareas pacíficas y productivas, y del comportamiento de los individuos significa, por definición, esclavitud, Ayn Rand define precisamente Capitalismo como un "sistema social basado en el reconocimiento de los derechos de la persona, incluidos los derechos de propiedad, en los cuales todos los bienes son de propiedad privada", una declaración que, incluso los defensores de la libertad, deberían recordar más a menudo. La afirmación de Rand significa que eso no sólo quiere decir que los medios de producción y distribución deban ser de propiedad privada, ya que esto también ocurre en el nazismo, el fascismo, en economías mixtas y en todas las demás formas de sociedades socialistas (Hitler le dijo a Rosenberg que no era necesario durante su gobierno detentar la propiedad de los "juguetes del titular de la fábrica", como él los llamaba, porque el nazismo sería el propietario y director de los individuos mismos, siendo ésta una de las razones por las que llamo a los dictadores, en general, por el nombre genérico de Stalin-Hitlers), sino que todas las decisiones pacíficas y productivas, pertenecen a las personas que las toman en beneficio de su propia vida. Esto hace desaparecer efectivamente la fuerza de todas las relaciones humanas (el lector no debe olvidar que los impuestos, por ejemplo, son un procedimiento forzoso para tomar parte del dinero popular para apoyar al gobierno, una parte cuyo porcentaje cada vez mayor es determinado por el propio gobierno, ya sea directamente o al amparo de las decisiones de los "representantes del pueblo", es decir, los congresistas que apoyan activamente el gobierno, y no precisamente al pueblo!)
Recuerde las palabras de Ayn Rand en relación con el uso de la fuerza: Nadie tiene el derecho de iniciar un acto de violencia contra una persona o un grupo de personas, es decir, no existe derecho alguno que permita interferir con la vida y actividades del individuo pacífico y productivo.
La única legítima función de un gobierno (nótese que el término en sí significa "regla") es la protección de los derechos del hombre, es decir, como la define Ayn Rand, es la tarea de proteger de la fuerza física a la persona pacífica. Esta actividad, que, por cierto, no excluye a las fuerzas de seguridad privadas para su cumplimiento, obliga a un gobierno a renunciar a su denominación como tal para convertirse propiamente en la administración de los Medios Defensivos de los Derechos del Individuo.
En el sistema Capitalista las funciones de los congresistas cambian drásticamente, ya que básicamente todo lo que tienen que hacer es diseñar los mencionados medios de defensa, es decir, promulgar (a través de los tribunales, la policía y las fuerzas armadas), la principal ley moral del sistema social Capitalista, es decir, concretar el principio de que "nadie tiene derecho a iniciar el uso de la fuerza física contra los demás".
Esto se logra disuadiendo y/o sancionando adecuadamente a quienes infringen dicha ley moral.
Concretamente, en relación con la economía, el Magistrado Narragansett dice, mientras reescribe la Constitución que representará de manera adecuada y apropiada los ideales Capitalistas de Ayn Rand en "La Rebelión de Atlas" (Parte 3, Capítulo 10): "El Congreso no promulgará ley alguna que coarte las libertades de producción y comercio ".
Lo anterior muestra claramente que el Capitalismo es un sistema verdaderamente humano, diseñado para seres humanos, en su condición de individuos pacíficos y productivos. Reconoce la realidad metafísica de la naturaleza del hombre, la conexión entre su supervivencia y su uso de razón, como lo expresa Rand específicamente en su artículo "¿Qué es el Capitalismo?" Funciona sobre la base de que todas las relaciones humanas son voluntarias y, por tanto, rechaza todo mando autoritario, sea cual sea la forma que adopte. Prevé la prohibición de la fuerza en las relaciones sociales, establece la defensa contra eventuales transgresiones y, como Ayn Rand también señaló, se opone fundamentalmente a la guerra, a menos que el libre sistema Capitalista sea atacado por una nación extranjera, porque en ese caso, la ley moral del Capitalismo se aplica, habiendo sido iniciada la violencia por el país atacante.
Estamos aún viviendo dentro de sistemas estatistas, sistemas basados en la noción tribal de que el individuo debe sacrificar sus esfuerzos a un Moloc compuesto por un colectivo sin rostro "representado" por políticos y burócratas que defienden la creencia de que, algunos hombres tienen el derecho de gobernar a los demás por la fuerza, a través de la supuesta justificación de que los hombres deben ser gobernados por otros que suponen por sí mismos que han sido "escogidos" como aptos para ello. Como mencioné antes, los llamo genéricamente Stalin-Hitlers.
Estos sistemas están continuamente involucrados en actos de violencia, cuyo único resultado es obstaculizar el desarrollo del conocimiento y de la economía y la destrucción física del hombre y de la humanidad.
Por lo tanto, como dijo Ayn Rand en "La Ética del Objetivista": "El Capitalismo no es el sistema del pasado, es el sistema del futuro - si es que la humanidad tiene un futuro".

Tomado de The Rebirth of Reason

TRADUCIDO POR RODRIGO DÍAZ

Saturday, May 30, 2009

Sobre la naturaleza de un gobierno

Por Ayn Rand - Tomado de liberalismo.org


Un gobierno es una institución que posee el poder exclusivo de forzar ciertas reglas de conducta social en un área geográfica.

¿Necesitan los hombres tal institución y por qué?

Ya que la mente del hombre es su herramienta básica para sobrevivir, su instrumento para obtener conocimientos y guiar sus acciones, la condición básica que necesita es la libertad de pensar y actuar de acuerdo con su juicio racional. Esto no quiere decir que el hombre debe vivir solo y que una isla desierta es el ambiente que mejor satisface sus necesidades. El hombre puede derivar beneficios enormes de la cooperación con otros. El ambiente social es el que más conduce para su supervivencia exitosa, pero solamente en ciertas condiciones.

"Los dos grandes valores que se pueden obtener de la existencia social son: conocimientos e intercambio. El hombre es la única especie que puede transmitir y expandir cúmulos de conocimientos de generación en generación; los conocimientos que potencialmente están al alcance del hombre son mucho mayores que lo que un solo hombre pudiese comenzar a adquirir en una vida; cada hombre obtiene beneficios incalculables de los conocimientos descubiertos por otros. El segundo gran beneficio es la división del trabajo: permite que un hombre dedique su esfuerzo a un campo particular de trabajo y que intercambie con otros, quienes se especializan en otros campos. Esta forma de cooperación permite a todos los hombres que participan en ella adquirir mayores conocimientos, destreza y beneficios productivos de su trabajo que lo que lograrían si cada uno tuviera que producir todo lo que necesita, ya en una isla desierta o en una unidad agrícola autosuficiente.

"Pero estos mismos beneficios indican, delimitan y definen qué clase de hombres pueden ser de valor uno para el otro, y en qué clase de sociedad: únicamente hombres racionales, productivos e independientes, en una sociedad racional, productiva y libre". (The Objectivist Effects).

Una sociedad que roba al individuo el producto de su esfuerzo, o lo esclaviza, o pretende limitar la libertad de su mente, o le obliga a actuar en contra de su juicio personal una sociedad que establece un conflicto entre sus leyes y los requerimientos de la naturaleza del hombre no es, hablando estrictamente, una sociedad, sino una chusma unida por leyes de pandilla institucionalizada.

Tal sociedad destruye todos los valores de la coexistencia humana, no tiene justificación posible y representa, no una fuente de beneficio, sino la amenaza más mortal incomparablemente a la supervivencia del hombre. La vida en una isla desierta, es más segura y preferible a la existencia en la Rusia soviética o en la Alemania nazi.

Si los hombres han de vivir juntos en una sociedad pacífica, productiva y racional, y tratar uno con el otro para beneficio mutuo, tienen que aceptar el principio básico social, sin el cual no es posible una sociedad moral o civilizada: el principio de los derechos individuales.

Reconocer los derechos individuales significa reconocer y aceptar las condiciones que requiere el hombre por su naturaleza para sobrevivir adecuadamente.

Los derechos del hombre pueden ser violados únicamente por la fuerza física. Es únicamente por medio de la fuerza física que un hombre puede quitarle a otro la vida o esclavizarlo o robarle, o impedir que otro persiga sus propias finalidades, u obligarlo a actuar contra su propio juicio racional.

La precondición de una sociedad civilizada es la prohibición de la fuerza física en las relaciones sociales, estableciendo así el principio que si el hombre desea tratar uno con el otro, puede hacerlo únicamente por medio de la razón: mediante discusión, persuasión y acuerdo voluntario sin coerción. La consecuencia necesaria del derecho del hombre a su vida, es su derecho a defenderse. En una sociedad civilizada la fuerza puede utilizarse únicamente en vía de represalia y únicamente contra aquellos que iniciaron su uso. Todas las razones que convierten la iniciación de fuerza física en un mal, convierten el uso de la fuerza física en vía de represalia, un imperativo moral.

Si una sociedad "pacifista" renunciara al uso de la fuerza en vía de represalia, ella quedaría inútilmente a la merced del primer rufián que decidiese actuar inmoralmente. Tal sociedad lograría lo opuesto a su propia intención: en vez de abolir el mal, lo fomentaría y gratificaría.

Si una sociedad no provee protección organizada contra la fuerza, obligaría a cada ciudadano a vivir armado, convertir su hogar en una fortaleza, y disparar a los extraños que se acercasen a su puerta, o a asociarse a una pandilla de ciudadanos para protegerse, quienes pelearían con otras pandillas, formadas para el mismo propósito, y así traería la degeneración de esa sociedad al caos: al dominio por pandilla, es decir, gobierno por fuerza bruta, hacia la guerrilla de tribu típica de salvajes prehistóricos.

El uso de la fuerza física aun en vía de represalia no puede dejarse a la discreción de los ciudadanos individuales. La coexistencia pacífica es imposible si el hombre tiene que vivir bajo la amenaza constante del uso de la fuerza bruta por parte de sus vecinos en cualquier momento. Ya sea que las intenciones de sus vecinos sean buenas o malas, que sus juicios sean racionales o irracionales, que estén motivados por un sentido de justicia o por ignorancia o prejuicio o malicia, el uso de la fuerza contra un hombre no puede dejarse a la decisión arbitraria de otro.

Visualice, por ejemplo, qué pasaría si un hombre perdiese su cartera, concluyese que se la han robado, y entrase en todas las casas del vecindario a buscarla, matando al primer hombre que le mirase en forma sospechosa, tomando tal mirada como prueba de culpabilidad.

El uso de la fuerza de represalia requiere reglas objetivas para establecer pruebas de que un crimen ha sido cometido y probar quién lo ha cometido, así como también reglas objetivas para definir castigos y procedimientos para implementarlos. Los hombres que pretenden perseguir crímenes sin tales reglas, constituyen una chusma furiosa. Si una sociedad dejase el uso de la fuerza represiva en las manos de ciudadanos individuales, degeneraría hacia la ley de la jungla y hacia una serie interminable de vendettas y guerras privadas.

Si la fuerza física va a ser excluida de las relaciones sociales, el hombre necesita una institución encargada de la tarea de proteger sus derechos y supeditada a un código objetivo de reglas.

Esta es la función de un Gobierno, de un legítimo Gobierno, su función primordial, su única justificación moral y la razón por la cual los hombres sí necesitan un gobierno.

Un gobierno es el medio que coloca el uso de la fuerza física represiva bajo el control objetivo. Es decir, bajo leyes definidas objetivamente.

La diferencia fundamental entre una acción privada y una acción gubernamental, una diferencia completamente ignorada y evadida hoy día descansa en el hecho que el gobierno tiene el monopolio del uso legal de la fuerza física. Tiene que tener tal monopolio, ya que es el agente para restringir y combatir el uso de la fuerza y, por esa misma razón, sus acciones tienen que ser rígidamente definidas, delimitadas, y circunscritas; ni el más ligero capricho o antojo debe serle permitido en el cumplimiento de sus obligaciones; debe actuar como robot impersonal, con la ley como su única fuerza motivadora. Si una sociedad ha de ser libre, su gobierno tiene que estar controlado.

Bajo un sistema social adecuado, un individuo particular es legalmente libre para tomar cualquier acción que desea, siempre que no viole los derechos de otros, mientras que un funcionario gubernamental está limitado por ley en cada uno de sus actos oficiales. Una persona individual puede hacer todo aquello excepto lo que está legalmente prohibido; un funcionario gubernamental no puede hacer nada excepto aquello que está legalmente permitido.

Esta es la manera de subordinar la "fuerza" al "derecho". Éste es el concepto estadounidense de "un gobierno de leyes y no de hombres".

La naturaleza de las leyes propias a una sociedad libre y de la fuente de la autoridad gubernamental, se derivan de la naturaleza o propósito de un gobierno adecuado. El principio básico de ambas está indicado en la Declaración de Independencia: "para afianzar estos derechos (individuales), los hombres instituyen gobiernos derivando su justo poder del consentimiento de los gobernados...".

Ya que la protección de los derechos individuales es la única función propia de un gobierno, igualmente la es la única función impropia de la legislación: todas las leyes deben estar basadas en los derechos individuales y dirigidas hacia su protección. Todas las leyes deben ser objetivas (y objetivamente justificables): los hombres deben saber claramente y con anticipación a sus actos, lo que la ley les prohíbe hacer (y por qué), qué constituye un delito y cuál es el castigo que sufrirán sí lo cometen.

La fuente de autoridad del gobierno es "el consentimiento de los gobernados". Esto quiere decir que el gobierno no es el mandante, sino el que sirve, el mandatario, o sea un agente de los ciudadanos; eso significa que el gobierno como tal no tiene más derechos excepto los derechos delegados en él por los ciudadanos para un objeto específico.

Existe únicamente un principio básico, al cual el individuo debe consentir si desea vivir en una sociedad libre y civilizada: el principio de renunciar al uso de la fuerza física y delegarle al gobierno su derecho de autodefensa, con objeto de que la implementación sea ordenada, objetiva y legalmente definida, O, poniéndolo de otra manera, debe aceptar la separación de la fuerza y el capricho (cualquier capricho, incluyendo los propios).

Pues bien, ¿qué sucede en caso de desacuerdo entre dos hombres referente a alguna actividad en la cual ambos están involucrados? En una sociedad libre, los hombres no están obligados a tratar unos con los otros. Ellos lo hacen únicamente por acuerdo voluntario y, cuando existe un elemento de tiempo, mediante contrato. Si un contrato es quebrantado por la decisión arbitraria de un hombre, puede causarle daños financieros desastrosos al otro, y la víctima no tendría otro recurso que arrebatarle al que lo ha ofendido su propiedad en vía de compensación. Pero nuevamente, el uso de la fuerza no puede dejarse sujeto a la decisión de individuos particulares. Y esto nos lleva a una de las funciones más importantes y más complejas de un gobierno: la función de árbitro que arregla disputas entre los hombres de acuerdo con leyes objetivas.

Los delincuentes son una pequeña minoría en cualquier sociedad semicivilizada. Pero la protección e implementación de contratos a través de cortes de ley civil, es la necesidad más crucial de una sociedad pacífica; pues, sin tal protección, ninguna civilización podría ser desarrollada o mantenida.

El hombre no puede sobrevivir, como lo hacen los animales, actuando bajo el impulso del momento inmediato. El hombre tiene que proyectar sus finalidades y alcanzarlas a través del tiempo; tiene que calcular sus actos y planificar su vida a largo plazo. Mientras mejor sea la mente del hombre y mientras mayor sus conocimientos, mayor el plazo de su planificación.

Mientras más elevada y compleja una civilización, mayor será el plazo de sus actividades y, por lo tanto, mayor será el plazo de los acuerdos contractuales entre los hombres, y más urgente será su necesidad de proteger la seguridad de tales acuerdos. Y aun una necesidad primitiva a base de trueque no podría funcionar si un hombre, después de haber acordado entregar un quintal de papas a cambio de una canasta de huevos, y después de haber recibido los huevos, rehusara entregar las papas. Visualice las consecuencias de este tipo de acción caprichosa en una sociedad industrializada, donde los hombres entregan millones de dólares de bienes al crédito, o contratan las construcciones de miles de millones, o firman contratos a noventa años.

El rompimiento unilateral de un contrato involucra el uso indirecto de la fuerza física: consiste, en esencia, en que un hombre recibe valores materiales, bienes o servicios de otro, y entonces rehusa pagar por ellos reteniéndolos por la fuerza (por la mera posesión física), y no por derecho, es decir, que los guarda sin el consentimiento de su dueño. El fraude involucra un uso similar indirecto de la fuerza: consiste en obtener valores materiales sin el consentimiento del dueño bajo premisas o pretensiones falsas. La extorsión es otra variante del uso indirecto de la fuerza: consiste en obtener valores materiales, no a cambio de valores, sino mediante la amenaza, fuerza, violencia o daño. Algunas de estas acciones evidentemente son criminales. Otras, como el rompimiento unilateral de un contrato, puede que no esté motivada criminalmente, pero puede ser causada por irresponsabilidad o irracionalidad. Otros podrán ser asuntos complejos con algo de justicia en ambos lados. Pero sea el caso que fuere, todas esas disputas tienen que sujetarse a leyes objetivamente definidas y tienen que ser resueltas por un árbitro imparcial, aplicando las leyes, en otras palabras, por un juez (y un jurado cuando corresponde). Obsérvese el principio básico que rige a la justicia en todos estos casos: es el principio que ningún hombre puede obtener valores de otros sin el consentimiento del dueño y, como corolario, que los derechos del hombre no pueden abandonarse a la suerte de la decisión unilateral, el juicio arbitrario, o el capricho y juicio irracional de otro hombre.

Tal en esencia, es el fin propio de un gobierno: hacer la existencia social posible a los hombres, mediante la protección de los beneficios y combatiendo los males que los hombres pueden causarse unos a otros.

La función propia de un gobierno cae dentro de tres amplias categorías, todas las cuales involucran el punto del uso de la fuerza y la protección de los derechos del hombre: la Policía, para proteger a los hombres de los criminales; las Fuerzas Armadas, para proteger a los hombres de invasores extranjeros; las Cortes, para decidir disputas de acuerdo con leyes objetivas.

De estas tres categorías se derivan muchas situaciones y corolarios, y su implementación en la práctica, en forma de legislación específica, es enormemente compleja. Pertenece a un campo especial de la ciencia: la filosofía de la ley. Muchos errores y muchos desacuerdos son posibles en el campo de la implementación, pero lo que es esencial aquí, es el principio que ha de implementarse: el principio que el objeto de la ley de un gobierno es la protección de derechos individuales.

Hoy, ese principio está olvidado, ignorado y evadido. El resultado es el presente estado del mundo, con la regresión de la humanidad hacia la tiranía absolutista sin ley, hacia el salvajismo primitivo de gobierno por la fuerza bruta.

En actitud de protesta insensata contra esta tendencia, algunas personas presentan la cuestión de que siendo tales gobiernos tan malos por naturaleza, si no será la anarquía el sistema social ideal. La anarquía, como concepto político, es una abstracción que flota ingenuamente: por todas las razones discutidas antes, una sociedad sin un gobierno organizado estaría a merced del primer criminal que llegase, el cual la precipitaría hacia el caos de las guerrillas pandilleras. Pero la posibilidad de inmoralidad humana no es la única objeción a la anarquía: aún en una sociedad donde cada uno de sus miembros fuese completamente racional y sin tacha moral, no podría funcionar en estado de anarquía, es la necesidad de leyes objetivas y de un árbitro para desacuerdos honrados dentro de los hombres que crea la necesidad de establecer un gobierno.

Una variante reciente de la teoría anarquista, que está confundiendo a algunos jóvenes que abogan por la libertad, es el espantoso absurdo llamado "gobiernos en competencia". Aceptando la premisa básica de los modernos estatistas que no ven la diferencia entre las funciones de un gobierno y la función de la industria, entre la fuerza y la producción, y que abogan por la propiedad estatal de los negocios, los proponentes de "gobiernos en competencia" toman el otro lado de la misma moneda y declaran que ya que la competencia es tan beneficiosa para los negocios, debería aplicarse también a los gobiernos. En vez de un solo gobierno monopolista, declaran, debiera existir un número de diferentes gobiernos en la misma área geográfica, compitiendo por la lealtad de los ciudadanos individuales, dejando a cada ciudadano libre de escoger y estar con el gobierno que escoge.

Recordemos que el control del hombre por la fuerza es el único servicio que un gobierno puede ofrecer. Pregúntese qué significaría la competencia en control forzoso.

No puede llamársele a esto una teoría contradictoria en terminología, ya que evidentemente carece de comprensión de los términos "competencias" y "gobierno". Tampoco puede llamársele una abstracción flotante, ya que es carente de cualquier contacto o referencia a la realidad y no puede concretarse, ni siquiera en forma aproximada. Una ilustración será suficiente: supongamos que el Sr. Smith, un cliente del gobierno "A", sospecha que su vecino, el Sr. Jones, quien es cliente del gobierno "E", le ha robado; un destacamento de la policía "A" llega a la casa del Sr. Jones y encuentran en la puerta un destacamento de la policía "B", que declara que no aceptan la validez de la acusación del Sr. Smith y que no reconocen la autoridad del gobierno "A". ¿Qué sucede entonces? Siga usted adelante con el ejemplo.

La evolución del concepto del gobierno ha tenido una larga y difícil historia. Alguna idea de la función propia de un gobierno parece haber existido en toda sociedad organizada, manifestándose en un fenómeno tal como el reconocimiento implícito (aunque a veces no existente) de la diferencia entre un gobierno y una pandilla la aureola de respeto y de autoridad moral otorgada a un gobierno como el guardián de la "ley y el orden", el hecho que aun los gobiernos más malos reconocieron la necesidad de mantener alguna apariencia de orden y alguna pretensión de justicia, aunque fuese únicamente rutina y tradición, y de proclamar más de alguna justificación moral por su poder, ya de naturaleza mística o social. Así como los monarcas absolutos de Francia tuvieron que invocar "Los Derechos Divinos de Los Reyes", los dictadores modernos de la Rusia soviética tienen que gastar fortunas en propaganda para justificar su poder ante los ojos de los sujetos esclavizados.

En la historia del hombre, la comprensión de la propia función de un gobierno es de logro reciente. Únicamente tiene 200 años de edad y data de la revolución estadounidense. No solamente identificaron la naturaleza y la necesidad de una sociedad libre, sino encontraron la manera de traducirla a la práctica. Una sociedad libre como cualquier otro producto humano no puede obtenerse por casualidad, mediante el mero deseo ni sólo por la "buena voluntad" de sus líderes.

Un complejo sistema legal, basado en principios de validez objetivos, son requeridos para hacer una sociedad libre y mantenerla libre, un sistema que no depende de las motivaciones, del carácter moral o de las intenciones de algún funcionario público, un sistema que no ofrece oportunidad ni "salidas" para el desarrollo de la tiranía.

El sistema estadounidense de poderes balanceados y limitados consistió en tal hazaña. Y aunque ciertas contradicciones en la Constitución sí dejaron algunas salidas para el crecimiento del estatismo, la hazaña incomparable fue el concepto de una Constitución como medio para limitar y restringir el poder del gobierno.

Hoy día, cuando se está haciendo un gran esfuerzo conjunto para borrar este punto, no se puede repetir con demasiada frecuencia que la Constitución es una limitación al gobierno y no al individuo particular que no ordena la conducta del individuo particular, sino únicamente la conducta de un gobierno-, que no es una carta para poder estatal, sino una carta de protección ciudadana contra el gobierno.

Ahora considere la generalización del concepto moral y político invertido en el concepto prevaleciente de gobierno. En vez de ser un protector de los derechos del hombre, el gobierno se está convirtiendo en el violador más peligroso; en vez de guardar la libertad, los gobiernos están estableciendo esclavitud; en vez de proteger a los hombres de los iniciadores de la fuerza física, los gobiernos están iniciando la fuerza física y coerción en la forma y en los casos que le place. En vez de servir como el instrumento de objetividad en las relaciones humanas, los gobiernos están creando un mortal y subterráneo reinado de la inseguridad y miedo, mediante leyes no objetivas, cuya interpretación se deja a las decisiones arbitrarias de burócratas ocasionales; en vez de proteger a los hombres del daño por caprichos, los gobiernos se abrogan el poder del capricho ilimitado, en tal forma que rápidamente estamos llegando a la etapa de última inversión: la etapa cuando el gobierno es libre de hacer cualquier cosa que le plazca, mientras los ciudadanos actúan únicamente por permiso; que es la etapa de los períodos más oscuros de la historia humana, la etapa de gobierno por la fuerza bruta.

Muchas veces se ha mencionado que a pesar del progreso material, la humanidad no ha alcanzado un grado comparable de progreso moral. Tal expresión generalmente es seguida por alguna conclusión pesimista referente a la naturaleza humana. Es cierto que el estado moral de la humanidad es vergonzosamente bajo. Pero cuando uno considera las monstruosas inversiones morales de los gobiernos (hechas posibles por una moralidad altruista colectivista), bajo la cual la humanidad ha tenido que vivir a través de la mayor parte de su historia, uno principia a asombrarse cómo los hombres han logrado preservar aún un semblante de civilización, y cual vestigio indestructible de auto-estimación, lo ha mantenido caminando sobre dos pies.

Uno también principia a ver más claro la naturaleza de los principios políticos que tienen que llegarse a aceptar y a advocar, como parte de la batalla, por el renacimiento intelectual del hombre.

Friday, April 25, 2008

Estado Minimo

Por Antonio Mascaró Rotger - Tomado de http://www.liberalismo.org/

A medio camino entre el anarcocapitalismo y el gobierno limitado existe una corriente de pensamiento que defiende un Estado mínimo o miniarquía.

Se autodenominan miniarquistas porque eso es lo que quieren: un gobierno mucho más pequeño, restringido a la prevención de interferencias con los derechos individuales en lugar de ser el principal entrometido.1

Los liberales de todas las tendencias convienen en que los derechos fundamentales son los de la vida, libertad y propiedad privada. Los miniarquistas aceptan el uso de la coacción estatal para defender eso derechos. Y para nada más. Sólo las violaciones de estos derechos son de la incumbencia del Estado. No se trata, por tanto, de diseñar un gobierno cuyos poderes se mantengan a raya unos a otros para suministrar bien común alguno.

La libertad no exige un poder que compense a otro, sino la imposibilidad de ejercer determinados poderes. Por ejemplo, el que el poder para condenarme sin juicio simplemente no exista es un pilar del Estado de Derecho.2

Los enfoques de los defensores de reducir el Estado a su mínima expresión han seguido distintos razonamientos y, por ello, sus conclusiones muestran algunas discrepancias.Así, según Ludwig von Mises "el fin único de las normas legales y del aparato estatal de coacción y compulsión es permitir que la cooperación social funcione pacíficamente." Se trata, entonces, de estudiar cada posible actuación y función del gobierno para determinar si lleva a una mejora en esa cooperación o a un empeoramiento. Como es sabido, Mises realizó dicho estudio mediante la ciencia de la praxeología, que estudia la acción humana. Esto es, analizó los efectos que tiene la intervención gubernamental sobre las acciones humanas y cómo repercute esto en la sociedad. Y una de sus importantes conclusiones fue que tales intervenciones crean males peores que aquellos que pretendían enderezar. Entonces al intervensionista sólo se le ocurre volver a intervenir y empeora aun más las cosas. De esta manera, por muy moderado que sea el intervencionismo de las "terceras vías", acaba cayendo en espiral hasta la miseria del socialismo.

El Estado es una institución humana, no un ser sobrehumano. Quien dice: debería haber una ley sobre este asunto, quiere decir: la fuerza armada del gobierno debería obligar a la gente a hacer lo que no quiere hacer. Quien dice: esta ley debería ser puesta en vigor, quiere decir: la policía debería obligar a la gente a cumplir esa ley. Quien dice: el Estado es Dios, deifica la armas y las cárceles.3

Ayn Rand, en cambio, huyó del utilitarismo y argumentó las justas funciones del gobierno partiendo de los derechos de los hombres. Ella pensaba que de estos derechos se derivan razonablemente las leyes que han de regir una sociedad y, por ende, el papel que el Estado ha de jugar en ella. "La necesaria consecuencia del derecho del hombre a la vida," decía Rand, "es su derecho a la autodefensa. En una sociedad civilizada, la fuerza puede ser usada solamente en vindicación y sólo contra aquellos que inician su uso. [...] Un gobierno es el medio de poner el uso vindicativo de la fuerza física bajo control objetivo, esto es, bajo leyes definidas objetivamente." En esta sociedad, por tanto, el Estado sólo actúa cuando los derechos de algún individuo ya han sido violados. Ésta actuación no va más allá de la restitución, en la medida de lo posible, de la situación anterior a la agresión y, si procede, de la condena al agresor. Queda así delimitado el Estado mínimo según Rand, a veces moteado por algunos como Estado gendarme.

Las funciones naturales de un gobierno se dividen en tres grandes categorías, todas ellas relacionadas con la violencia y la protección de los derechos del individuo: la policía, para proteger a los hombres de los criminales - las fuerzas armadas, para proteger a los hombres de invasores foráneos - los tribunales para solucionar disputas entre los hombres de acuerdo a leyes objetivas (Las cursivas son de Rand).4

George Reisman, discípulo de Mises y de Rand, ha resumido recientemente la visión miniarquista:

Nosotros queremos una sociedad en la que el papel del gobierno se limite a la protección de los derechos individuales y en la que, por lo tanto, el gobierno use la fuerza sólo en defensa y vindicación contra el inicio de la fuerza. Queremos una sociedad en la que los derechos de propiedad sean reconocidos como unos de los principales derechos humanos; una sociedad en la que nadie haya de sufrir debido a su éxito por la envidia de los demás, una sociedad en la que toda la tierra, recursos naturales y otros medios de producción sean de propiedad privada. En tal sociedad, el tamaño del gobierno sería menos de la décima parte del que es ahora en términos de gasto público. La mayor parte del estado, tal como existe ahora, sería eliminado: virtualmente todas las agencias estatales y departamentos con las excepciones de defensa, interior, justicia y tesoro. Permanecería sólo un poder ejecutivo radicalmente reducido y unos poderes legislativo y judicial con poderes radicalmente reducidos. Al ciudadano respetuoso con las leyes de tal sociedad, el gobierno le parecería esencialmente un "vigilante nocturno", obediente y calladamente haciendo sus rondas asignadas para que la ciudadanía pudiera descansar con la seguridad de que sus personas y propiedades estaban libres de agresión. Sólo en las vidas de los criminales comunes y estados extranjeros agresores, se haría notar la presencia del gobierno.5

Finalmente, teorizando muy cerca del anarcocapitalismo, Robert Nozick despojó al Estado gendarme de sus últimas posibilidades de redistribución. Al obligar a unos ciudadanos a sufragar con sus impuestos la defensa de otros ciudadanos, argumenta Nozick, incluso el minúsculo Estado gendarme resulta redistributivo. Para evitar esta contradicción, el profesor de Harvard propuso en 1974 una sociedad regida por unos Estados ultramínimos que ofrecen a los ciudadanos su protección a quienes voluntariamente la paguen.

Un Estado ultramínimo mantiene un monopolio sobre todo el uso de la fuerza, con excepción del que es necesario en la inmediata defensa propia y, por tanto, excluye la represalia (o la proporcionada por una agencia) por daño y para exigir compensación. Sin embargo, únicamente ofrece protección y servicios de ejecución a aquellos que compran sus pólizas de protección y aplicación. Las personas que no contratan protección con el monopolio no obtienen protección.6 (Las cursivas son de Nozick.)

1 Smith, L. Neil, The Probability Broach, Nueva York, Ballantine Books, 1980. Pág. 12.
2 Rodríguez Braun, Carlos, Estado contra mercado, Madrid, Taurus, S.A., 2000. Pág. 77.
3 Mises, Ludwig, Gobierno Omnipotente, Madrid, Unión Editorial, S.A., 2002 (1944). Pág. 81.
4 Rand, Ayn, "La naturaleza del gobierno" en La virtud del egoísmo, Buenos Aires, Plastygraf, S.A., 1985 (1961). Pág. 126.
5 Reisman, George, Capitalism: A Treatise On Economics, Ottawa, IL., Jameson Books, Inc., 1998. Pág. 971.
6 Nozick, Robert, Anarquía, estado y utopía, México, D.F., Fondo de Cultura Económica, S.A. de C.V., 1988 (1974).

Saturday, September 08, 2007

Economics, Philosophy, and Politics

By Hans-Hermann Hoppe

Posted on 2/25/2004 - The Ludwig von Mises Institute
Interviewed by Emrah Akkurt, Turkey-Association for Liberal Thinking. To be published in a forthcoming special issue of the economic journal Piyasa on socialism.

Akkurt: How did you come to be a libertarian and which thinkers were most important in shaping your ideas?
Hoppe: As a young man, a 'Gymnasiast' in Germany, I was a Marxist. Then, as a student at the University of Frankfurt, I encountered Boehm-Bawerk's Marx critique, and that finished Marxist economics for me.

Consequently, for a while I became somewhat of a skeptic, attracted to the positivist and especially the falsificationist Popperian methodology and to Popper's program of piecemeal social engineering. Like Popper himself, at this time I was a right-wing Social democrat.
Then things changed fast. First I encountered Milton Friedman (pretty good), then Hayek (better), then Mises (far better still, because of Mises's explicit anti-positivist—aprioristic—methodology), and finally, Mises's most important theoretical successor, Murray N. Rothbard.

Akkurt: To what extent did your formal education overlap with your being a libertarian?
Hoppe: I did not learn libertarianism or free market economics at the university. My professors were either socialists or interventionists. To be sure, occasionally (rarely) the names of some free marketeers were mentioned: Boehm-Bawerk, Mises, Hayek, also Herbert Spencer as a sociologist. However, they were dismissed as outdated apologists of capitalism, unworthy of anyone's serious attention. So I had to discover everything pretty much on my own through lots of reading (much of which in retrospect appears like a waste of time).
Today, you can click on http://www.mises.org/ and everything is right at your fingertips. Matters have definitely improved in this regard.

Akkurt: In the early years of the century, 'capitalist' economists were in an apologist position. This was true particularly before Mises's criticisms began. Mises's writings were decisive in bringing socialists to today's 'apologist' position. Mises's writings also gave way to a distinct Austrian economics, apart from the neo-classical paradigm. During your formal education, did you think that Austrian economics was, or should be distinct from neo-classical thinking. How was the process of passing from criticism to an alternative approach?
Hoppe: Until the 1950s, the majority of economists shared the view concerning the nature of economics which had been expressed by Lionel Robbins, in his famous Nature and Significance of Economic Science (1932). Robbins, who had been heavily influenced by Mises at the time, there presented economics as some sort of applied logic (Mises would call it 'praxeology'). It started with a few simple and obviously true premises (axioms) and then proceeded by means of logical deduction to various conclusions (economic theorems). These conclusions or theorems were, provided no mistake had been made in the process of deduction, logically true, and it would be a category mistake if one wanted to 'empirically test' such theorems. (We also do not 'empirically test' logical truths and arguments, or mathematical propositions. For instance, we do not empirically test the law of Pythagoras, we can prove it deductively, and he who wanted to 'prove' it empirically, by measuring angles and lengths, would not be considered 'more scientific' but rather as totally confused.) Today, only the "Austrians" still defend this (in my view correct) view of economics as applied logic.

Since the 1950s, largely due to the influence of Milton Friedman, the majority among economists has adopted instead the 'positivist' view that economics should try to imitate the methods used in physics. As a result, modern economics has become either low-level mathematics with no empirical meaning or application whatsoever. Or else it builds and tests so-called models, thus 'proving' (at best) what is already obvious to everyone, such that water is running downward, or showing by empirical means what can be established logically (like confirming Pythagoras' law empirically). However, in many cases, and by the same method, they also empirically 'prove' that water sometimes runs upward and, absurdly, that the law of Pythagoras sometimes doesn't hold. In short, modern mainstream economics is in a state of total confusion.

When I began to study economics I was taught the positivist methodology along with it. However, from the outset I was unconvinced. The law of marginal utility, or the quantity theory of money, or the statement that if one increases the minimum wage in the US to $500 per hour mass unemployment would result, did not appear to me as questionable hypotheses which required any empirical testing, but as straightforward logical truths. It took me a while to find out that this was actually the classic view, espoused most explicitly by Robbins and Mises. Discovering Mises and Robbins thus came as a great intellectual relief to me, and it first made me take (and study) economics seriously.

Mainstream economics is irrelevant, but open to the idea of social experimentation and engineering (how else can one test one's hypotheses?). That's why the modern interventionist state is willing to fund the entire exercise. In contrast, Austrian economics is of great practical importance, but it is generally opposed to economic interventionism as counter-productive. Not surprisingly, then, AE receives little or no state support. Nonetheless, I am optimistic that mainstream economics will eventually die due to its own irrelevancy (articles in famous mainstream journals have practically no reader) and be displaced by AE. Already, the Mises Institute website has more readers than any comparable mainstream-economics site.

Akkurt: In its modern version, Austrian economics, with its emphasis on property rights, entrepreneurship and freedom have natural allies among different schools of economics. For example, the property rights approach of Alchian and Coase come mostly to similar policy positions with Austrians. Do you think, Mises's writings were somehow influential on the emphasis on property rights and market based approach besides Austrians. Was there a visible link between Mises and some of these people?
Hoppe: I am not aware of any intellectual link between Mises and the modern Chicago law and economics school, in particular Coase, and in his footsteps, Richard Posner. On the other hand, Hayek was one of Coase's professors at the London School of Economics.

In any case: I believe the similarity between the Austrian and the Chicago view of law and economics to be merely superficial. In reality, both intellectual traditions are fundamentally opposed to each other. It is a common but serious error to think of the Chicago school as a defender of property rights. In fact, Coase and his followers are the most dangerous enemies of property rights. I know, this may sound unbelievable to some people. Thus let me explain, using one of Coase's examples from his famous article on "Social Cost."

A railroad runs beside a farm. The engine emits sparks, damaging the farmer's crop. What is to be done? From the Austrian (and the classic as well as the commonsensical) viewpoint, what needs to be answered is who established property first, the farmer or the railroad? If the farmer was there first, he could force the railroad to stop emitting sparks or demand compensation. On the other hand, if the railroad was there first, then it may continue emitting sparks and the farmer would have to pay the railroad to be spark-free.

Coase's and Posner's answer is entirely different. According to them, it is a mistake to think of the farmer and the railroad as either 'right' or 'wrong' (liable), as 'aggressor' or 'victim.' Let me quote Coase from the very beginning of his famous article. There he says "the question is commonly thought of as one in which A inflicts harm on B and what has to be decided is, How should we restrain A? But this is wrong. We are dealing with a problem of a reciprocal nature. To avoid the harm to B would be to inflict harm on A. The real question that has to be decided is, Should A be allowed to harm B or should B be allowed to harm A? The problem is to avoid the more serious harm." Or put differently, the problem is to maximize the value of production or 'wealth.' According to Posner, whatever increases social wealth is just and whatever doesn't is unjust. The task of the law-courts, then, is to assign property rights (and liability) to contesting parties in such a way that 'wealth' is maximized.

Applied to our case this means: if the cost of preventing sparks is less than the crop loss, then the court should side with the farmer and hold the railroad liable. Otherwise, if the cost of preventing sparks is higher than the loss in crops, then the court should side with the railroad and hold the farmer liable. But more importantly, this means also that property rights (and liability) are no longer something stable, constant and fixed but instead become 'variables.' Courts assign property rights depending on market data. And if these data change, courts may re-assign such rights. That is, different circumstances may lead to a re-distribution of property titles. No one can ever be sure of his property. Legal uncertainty is made permanent.

This seems neither just nor economical. In particular, this 'variable' way of assigning property rights will certainly not lead to long-run wealth maximization.

Akkurt: In some of your work, you emphasize that Hayek stresses the role of knowledge and ignores or neglects private property. Do you think Hayek deliberately ignored, and underemphasized the crucial place of private property? Would you describe your view of property and knowledge in an entrepreneurial economy briefly to our readers.
Hoppe: Hayek was indeed always, from his student years on, interested in psychology. He wrote an interesting book on it (Sensory Order). This may explain his special emphasis on knowledge and his relative neglect of property. For instance, Hayek wrote a famous article on the "Use of Knowledge in Society." Mises never would have written an article with that title. His title would have been the "Use of Property in Society."

In the famous socialist-calculation debate, Hayek often conveyed the impression that socialism's central problem was the 'impossibility' of centralizing in a single mind (the central planner's) all of the knowledge that existed dispersed in the heads of a multitude of separate individuals. What I pointed out instead, in agreement with Mises, is that socialism's central problem is that of centralizing (concentrating) a multitude of physically dispersed and individually owned properties into the property of one single agency (of the socialist state). It is this concentration of all property in one hand that makes economic calculation impossible. Because where there is only one owner of all capital goods, there is no buying and selling of such goods; hence, no capital goods prices exist and monetary calculation is impossible.

And as for the special, individual knowledge of time and place, emphasized by Hayek, it is important to keep in mind that this knowledge is essentially the result—or the epiphenomenon—of an underlying diversity of private property. It is our property and the requirement of having to continuously act within the constraints of our property, that first influences what knowledge (out of an abundance of overall knowledge) is important for us to know and that further directs, shapes, and individualizes our interests and quest for knowledge.
An entrepreneur risks his own property in the attempt to satisfy some future, expected buyers' demand better than others do. If he succeeds, he will earn a profit, indicating that he has served consumers well. If he fails, he will make a loss, indicating that he has served consumers badly. Because they risk their own property, entrepreneurs are generally careful and circumspect in their investment and try to avoid any waste. 'Bad' (loss-making) entrepreneurs will sooner or later go bankrupt and become employees (instead of being an employer), and their mal-invested capital goods will be bought up (at appropriately lowered prices) by other or new entrepreneurs.

By the way: In contrast, government officials do not produce anything consumers demand (otherwise they would not need taxes to finance themselves; they would simply sell whatever 'goods' they had to offer and live of[f] the sales-revenue). Government officials spend their tax-revenue on what they think is good, not on what consumers think good. Moreover, government officials, who do not spend their own money, but the money coercively taken from others in the form of taxes, are typically careless and wasteful in the management of such funds.

Akkurt: What are your views on the public choice school. If I am not wrong you criticize James Buchanan for defending the state. Would you briefly describe your view on this issue. Why is there a tension between your thinking and public choice?
Hoppe: The Public Choice school—most notably Buchanan and Tullock—is typically credited for the insight that people within government are just as much self-interested as people outside of government, i.e., in private business. People do not change their nature and become less self-interested upon becoming a government official.

Now this is of course a fundamentally correct insight. But this insight is not new. You can find it all over in the literature. Certainly 'realist' political sociologists such as Gaetano Mosca and Robert Michels knew this much, and 'Austrians' knew it too, of course.

What is new about the Buchanan-Tullock school is its theory of the State and political (as contrasted to economic) action. However, this innovation is patently false.

Buchanan and Tullock think the State is essentially a voluntary institution, on a par with private business firms. They claim that 'the market and the State are both devices through which cooperation is organized and made possible.' (Calculus of Consent, p. 19) And since the State is like a firm, Buchanan then concludes in his Limits of Liberty, whatever happens in politics, every status quo, 'must be evaluated as if it were legitimate contractually.'

Now, I regard all of this as dangerous nonsense. Until Buchanan & Tullock, there existed almost universal agreement, regardless of whether one was a State-apologist or an anarchist critic of the State, as to the nature of the State, i.e., what a State actually was. States were recognized as categorically different forms of organization than firms: unlike firms, every State fundamentally rested on coercion. Buchanan's claim to the contrary would have been regarded as a childish intellectual error.

The great Austrian economist Joseph Schumpeter (himself a member of the Lausanne rather than the Vienna or Austrian School) once remarked on views such as Buchanan's: a "theory which construes taxes on the analogy of club dues or the purchase of the service of, say, a doctor only proves how far removed this part of the social sciences is from scientific habits of minds." I wholeheartedly agree with this verdict.

Akkurt: Professor Hoppe, we now want to turn to more political issues. What is your opinion as a libertarian about the American intervention in Iraq. Do you think that the events that began with September 11 have become an unfortunate turn for libertarian thinking?
Hoppe: Libertarians have always known that crises, in particular wars, are good for the State and bad for liberty. Under the cover of an emergency the power of the State is increased and individual liberty restricted. This is exactly what has happened in the USA after September 11, with the passing of the so-called Patriot Act, the establishment of an office of Homeland Security, the quasi-nationalization of airports and airport security, etc.

Moreover, because crises are good for the State, States often if not always fabricate these crises. For instance, the evidence now appears rather convincing that US-President Roosevelt knew about the impending attack of Japan on Pearl Harbor. However, he didn't do anything about it, because he wanted the event to happen, so that he could present a 'reason' to the American public which would allow him to enter World War II—which is what he had wanted to do for quite some time.

As for Iraq, not everything is known yet. Certain is only that President Bush and his cronies are a bunch of shameless liars. But that came hardly as a surprise. For quite some time, I have been in the habit of expecting government pronouncements (in the U.S. as everywhere else) to be lies—until proven otherwise. It has become increasingly apparent, that the Bush-men had decided to go to war against Iraq long before September 11. But without September 11, it would have been impossible to do so, because of a lack of war-support in US-public opinion. September 11 provided the 'reason' to carry out the planned attack. Naturally, this makes you wonder if the Bush-men—like Roosevelt—knew about the event in advance and decided to use it to their advantage. I do not claim to know the answer to this question. In German publications, for instance, it has been reported that German 'intelligence' provided the U.S. with detailed advance warnings. It may take a long time before we find out what really happened.

In any case, the attack against Iraq has been the result of a strange mixture of evangelical missionary zeal, Zionism, and hard-nosed economic imperialism (oil) coming together in the Bush-men government. Iraq was simply the perfect target. Initially, there was considerable support for the Iraq war in the US, even though obviously no link existed between Saddam Hussein and Osama bin Laden. Of course, it is sad for libertarians to see one's neighbors lose their minds and clamor for the killing of people, and the destruction of their homes, they do not know and who have done them no harm. Slowly but surely, however, the Americans are recovering from this temporary loss of sanity and beginning to recognize that they have been betrayed.

There also have been so-called libertarians, affiliated with various organizations named after the novelist Ayn Rand, who have enthusiastically endorsed the Iraq war and even demanded that the U.S. go on and 'liberate' the entire Muslim world. The genuine libertarian position is a different one. Libertarians are not pacifists. But in their view, violence is only justified in defense, not to attack, and surely the U.S. did not act in self-defense against an attacking Iraq. True, Saddam Hussein was a 'bad guy.' But this does not make the U.S. invasion and occupation of Iraq an act of liberation. If A frees B, who is held hostage by C, this is an act of liberation. However, it is not an act of liberation if A frees B from the hands of C in order to take B hostage himself. It is not an act of liberation if A frees B from the hands of C by killing D. Nor is it an act of liberation if A forcibly takes D's money to free B from C. Accordingly, unlike genuine liberation, which is greeted by the liberated with unanimous assent, the U.S. occupation has been met with much less than universal enthusiasm by the 'liberated' Iraqis.

Akkurt: What do you think about the role of the state in society? Is it a practical necessity, or a necessary evil? How would you describe the transition from a statist model, like Turkey, to a classical liberal society?
Hoppe: We must first quickly define what we mean by state. I adopt what one might call the standard definition: a state is an agency that exercises a territorial monopoly of ultimate jurisdiction (for all cases of conflicts, including conflicts involving the state itself) and, by implication, of taxation.

Now: we have learnt in Microeconomics that "monopolies" are "bad" from the viewpoint of consumers. Monopoly is thereby understood in its classic sense as an exclusive privilege granted to a single producer of a commodity or service, i.e. as absence of 'free entry.' Only A is allowed to produce x. Any such monopolist is bad for consumers because, shielded from potential new entrants into his area of production, the price of x will be higher and the quality lower than otherwise.

Why should this reasoning be different when it comes to the State's monopoly as ultimate judge and law enforcer?! Given that the State is a classic monopolist, we must expect that the price of justice is higher and the quality lower than otherwise. Worse, because the State is the judge even in conflicts involving itself, it must be expected that the state actually causes conflict in order to then 'solve' it in his own interest. Yet this is not justice—a good—but injustice—an evil. So, to answer your question: No, I consider the State an un-necessary evil. In a natural order, with a multitude of competing insurance and arbitration agencies, the price of justice would fall and its quality rise. My two most recent books, in particular Democracy: The God That Failed and also The Myth of National Defense explain in considerable detail, how state-less societies—societies which run themselves - would operate and generate unrivaled prosperity.
What about transitional goals toward liberty for countries like Turkey? The answer I have is essentially the same for Turkey as for Germany, France, Italy or any other large country. Democracy or democratization is not the answer—as it was also not the answer in the countries of the former Soviet Empire. Nor is centralization—as it is happening in the EU—the answer. Maybe my book should be translated into Turkish!

To the contrary, the greatest hope for liberty comes from the small countries: from Monaco, Andorra, Liechtenstein, even Switzerland, Hong Kong, Singapore, Bermuda, etc.; and as a liberal one should hope for a world of tens of thousands of such small independent entities. Why not a free independent city of Istanbul and Izmir, which maintain friendly relations with the central Turkish government, but which no longer make tax payments to the latter nor receive any payments from it, and which no longer recognize central government law but have their own Istanbul law or Izmir law.

The apologists of the central state (and of superstates such as the EU) claim that such a proliferation of independent political units would lead to economic disintegration and impoverishment. However, not only does empirical evidence speak sharply against this claim: the above-mentioned small countries are all wealthier than their surroundings. Moreover, theoretical reflection also shows that this claim is just another statist myth.

Small governments have many close competitors. If they tax and regulate their own subjects visibly more than their competitors, they are bound to suffer from the emigration of labor and capital. Moreover, the smaller the country, the greater will be the pressure to opt for free trade rather than protectionism. Every government interference with foreign trade leads to relative impoverishment, at home as well as abroad. But the smaller a territory and its internal markets, the more dramatic this effect will be. If the U.S. engaged in protectionism, U.S. average living standards would fall, but no one would starve. If a single city, say Monaco, did the same, there would be almost immediate starvation. Consider a single household as the conceivably smallest secessionist unit. By engaging in unrestricted free trade, even the smallest territory can be fully integrated in the world market and partake of every advantage of the division of labor. Indeed, its owners may become the wealthiest people on earth. On the other hand, if the same household owners decided to forego all inter-territorial trade, abject poverty or death would result. Accordingly, the smaller the territory and its internal market, the more likely it is that it will opt for free trade.

Moreover, as I can only indicate but not explain here, secession also promotes monetary integration and would lead to the replacement of the present monetary system of fluctuating national paper currencies with a commodity money standard entirely outside of government control. In sum, the world would be one of small liberal governments economically integrated through free trade and an international commodity money such as gold. It would be a world of unheard of prosperity, economic growth, and cultural advancement.

Akkurt: What do you think about libertarian thinking in developing countries? Under the influence of [the] IMF and World Bank, do you think they may find their way to a more free market economy? Are you optimistic about the future for these countries, including Turkey, with respect to classical liberal values?
Hoppe: Mankind has been endowed with reason. Hence, we may always be hopeful that the truth will ultimately win. Whether or not one can be optimistic regarding any particular country, such as Turkey, depends on the answer to this question: How many, what proportion, of the members of one's country's intellectual elite have a firm grasp of economic fundamentals? And it is one of the central tasks of a liberal think-tank to produce and multiply such people and thus create reasons for optimism.

What must be understood in the 'developing' world is this. There exist reasons why some countries are rich and others poor—and these reasons have little to do with 'exploitation' of the poor by the rich (although such a thing undoubtedly exists, too). There exists only one way to general prosperity: through saving and investment. Rich countries are rich, because they have accumulated a large supply of capital goods per capita. Poor countries are poor, because they have accumulated little capital. Why is there a lot of saving-investment and capital accumulation in some places and little in others? Because in some places a relatively high degree of security of private property exists or has existed in the past, and in others private property is or has been under constant attack from confiscation, taxation, and regulation. Where private property is not secure, there will be little saving and investment.

Why is it that there is low or little private foreign investment in the so-called developing world, despite the fact that labor costs are much lower than in the U.S. or Western Europe? In the U.S., you hear constant complaints about 'jobs being exported' to low wage third-world countries. However, the amazing thing is how small this sort of export actually is. Again: a central reason why foreigners do not invest more in the developing world is the high insecurity of private property rights.

Moreover, it must be understood in the 'developing' world that a sound currency and monetary system is a highly important aspect of property security. Above all, a fundamental law must be understood: that an increase in the supply of government paper money cannot—never, ever—increase social wealth. After all, it is just an increase in the number of colorful pieces of paper. It does not create one single additional consumer or producer good. Otherwise, if more paper money could produce greater wealth, why is it that there are still poor people around? The only thing that inflation can and does achieve is a systematic re-distribution of existing social wealth in favor of government as the producer of the additional money and its immediate clients (and at the expense of those who must consequently pay higher prices while their own money income has remained unchanged). Paper money inflation is stealing and confiscating, and the governments of 'developing' countries have been the worst offenders against monetary security.
My advice to the undeveloped world: Acquire the reputation of a place where private property, including money, is safe (think of Switzerland, for instance). Then you will prosper. Otherwise you won't.

As for help from the IMF or the World Bank, don't count on it. Instead, these institutions are a major source of economic mischief and misinformation. They have been established by Western governments, foremost the U.S., in order to promote their interests. They are manned by thousands of 'expert' bureaucrats on well-paid jobs requiring little work and offering exotic perks. If they are economists, the 'experts' are most likely Keynesians; that is, for them, there exists no problem that paper money cannot cure. This bureaucracy is endowed with paper money which the US and its allied governments have 'created out of thin air' (printed up). It negotiates loans to governments of countries in financial trouble, presumably in order to get them out of trouble.

From this constellation the following prediction can be derived: Because it is not their own money or that of private investors that the international bureaucrats loan out, they have little or no interest that their policy proposals actually work and the loans be repaid. Worse, because it is 'governments in trouble' that are bailed out with loans, economic troubles and policies leading to such troubles are actually encouraged (think of Zimbabwe and Mugabe!). Perversely, then, the failure of their own policy-prescriptions provides a reason for the institutions' own continued existence and growth. What would the IMF do, if governments would not cause economic troubles?

Thus, cooperation with the IMF and the World Bank should be feared and avoided.

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Hans-Hermann Hoppe is Professor of Economics at the University of Nevada, Las Vegas, Senior Fellow of the Ludwig von Mises Institute, and editor of the Journal of Libertarian Studies. His most recent book is Democracy: The God That Failed, and he is editor of The Myth of National Defense. His personal website is http://www.hanshoppe.com/.