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Saturday, May 07, 2011

Shawn Perger on Money Mafia Manipulations

The Daily Bell is pleased to present an exclusive interview with Shawn Perger.

Introduction: Shawn Perger is an author, speaker at investment conferences, and an entrepreneur who has more than 20 years experience working within Vancouver, Canada's vibrant venture capital marts – arguably the center of global venture capital finance. Additionally, Shawn has lived and worked in Switzerland where he developed a network of institutional financial relationships. Most recently, Perger has sold his newsletter, Swiss Confidential and even closed down Foremost Research Group to found a gold-mining company called Dicon Gold Inc. The targeted assets of Dicon are located in the historic gold mining regions of Colombia. "Colombia is one of the best, if not the best, places in the world for the development of large gold deposits. It has a long and well-documented history of gold production," states Perger.
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Wednesday, November 24, 2010

Cómo y por qué el estado destruye la sociedad

Por Frank Chodorov. (Publicado el 22 de noviembre de 2010)
El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/4835
Traducido del Inglés al Español por EUribe

[Tomado de The Rise and Fall of Society]

No le corresponde a un diagnosticador prescribir un remedio y sería charlatanería por su parte cuando tenga recelos respecto de su valor curativo. Puede ser que la lucha entre Sociedad y Estado sea inevitable: puede estar en la naturaleza de las cosas que la lucha continúe hasta que la destrucción mutua allane el terreno para la aparición de una nueva Sociedad, a la que se asocie un nuevo establishment político para dar lugar a un nuevo destino.

Quizá la malignidad sea propia del hombre. Sería absurdo sugerir que los machos cuadrúpedos, acuciados por la urgencia reproductiva, tendrían que conocer mejor a las hembras en lugar de dedicarse a batallas mortales por su posesión y es posible que la lucha histórica entre la organización social y la organización política signifique lo mismo.

El apoyo a esta conclusión se encuentra en el terreno que hemos cubierto.

Empezando por el hombre (¿dónde si no podemos empezar?), le encontramos impelido por un impulso interno a mejorar sus circunstancias y ampliar su horizonte: una capacidad autogeneradora de deseos le lleva de una gratificación a otra. Cada gratificación representa un gasto de trabajo que, como produce un sentimiento de cansancio, encuentra desagradable. Su inclinación es evitar el trabajo tanto como sea posible, pero sin sacrificar su mejoramiento.

Ejerce presión sobre este modus operandi natural un don humano peculiar: la facultad de razonar. (Es esta facultad la que sugiere una posible solución del conflicto Sociedad-Estado, que explicaremos más adelante). Su razón le dice que el negocio de multiplicar satisfacciones se alcanza mejor en cooperación con sus congéneres.

Así aparece la Sociedad y sus técnicas: especialización e intercambio, acumulaciones de capital, competencia. La Sociedad es un dispositivo de ahorro de trabajo, inventado instintivamente; no es un acuerdo institucional más de lo que lo es la familia, sino que igual que la familia germina en el composición del hombre.

El método del mercado produce más por menos trabajo que la autosuficiencia individual, aunque el precio que siempre demanda es el trabajo. No hay manera de evitarlo. Aún así, es un precio que se paga con reticencias y de este conflicto interno entre costes y deseos aparece el drama del hombre organizado.

La imposibilidad de obtener algo de la nada, el summum bonum, no destierra la esperanza o intimida la imaginación y en su esfuerzo por alcanzar el sueño, el hombre recurre frecuentemente a la depredación: la transferencia de la posesión y el disfrute de las satisfacciones del productor al no productor. Como los hombres trabajan sólo para satisfacer sus deseos, su transferencia induce un sentimiento de dolor y en respuesta a ese sentimiento el productor establece un mecanismo protectivo.

Bajo condiciones primitivas, confía en su propio poder de resistencia al robo, en su fortaleza personal más las armas que tiene a su disposición. Ése es su Gobierno. Como esta ocupación protectora interfiere con su interés principal de producir satisfacciones y es frecuentemente ineficaz, está bastante dispuesto a encargársela a un especialista cuando el tamaño y opulencia de la Sociedad reclama un servicio así. El Gobierno ofrece el servicio social especializado de salvaguardar el mercado.

La característica distintiva de este servicio es que disfruta de un monopolio de la coerción. Ésta es la condición necesaria para que funcione el negocio: cualquier división de la autoridad acabaría con el propósito para el que se establece el Gobierno.

Aún así, se mantiene el hecho de que el Gobierno es una organización humana, compuesta de hombres que son exactamente como los hombres a los que sirve. Esto es, ellos también buscan satisfacer sus deseos con el mínimo de esfuerzo y también son insaciables en sus apetitos. Además de los deseos comunes que poseen todos los hombres, el personal del Gobierno adquieren uno propio de su ocupación: la adulación que reciben porque sólo ellos ejercitan la coerción. Son gente aparte.

Los honores que deriven del ejercicio del poder hacen aparecer una pasión por éste, particularmente en hombres cuyas capacidades no serían advertidas en el mercado y es fuerte la tentación de expandir el área de poder; la función negativa de protección es demasiado limitada para hombres con ambición. Así que la tendencia en el mundo del funcionariado es asumir una capacidad para funciones positivas, para invadir el mercado, para asumir regular, controlar, gestionar y manipular sus técnicas.

A decir verdad, no hace nada parecido, pues las técnicas operan por sí mismas y todo lo que puede lograr el poder político con sus intervenciones es controlar el comportamiento humano: consigue el cumplimiento por la amenaza del castigo físico. Ése es de hecho todo el ser y el fin del poder político. Aún así, tal es el carácter del humano que admira y a veces adora al congénere que domina su voluntad y es tal este adquirido sentido de superioridad que es el principal beneficio del funcionariado.

La transición del Gobierno negativo al Estado positivo viene marcada por el uso del poder político para fines predatorios. En su búsqueda de poder, el funcionariado tiene en consideración la ineluctable pasión del algo por nada y procede a obtener el apoyo de segmentos de la Sociedad inclinados a emplumar sus nidos sin recoger plumas.

Es un acuerdo de quid pro quo, por el que el poder de compulsión se cede a individuos o grupos favorecidos a cambio de su aceptación de la adquisición de poder. El Estado vende privilegios, lo que no es sino una ventaja económica obtenida por unos a expensas de otros.

En tiempos más antiguos, el grupo privilegiado era una clase terrateniente, que proporcionaba apoyo militar para el poder político, o un grupo mercantilista, que contribuí a las arcas imperiales a partir de sus beneficios generados por monopolios políticos; con la llegada del sufragio popular, al hacer el ascenso político dependiente de un favor más amplio, tuvo que extenderse el negocio del soborno y así se produjo la subvención de granjeros, inquilinos, mayores, usuarios de electricidad y así sucesivamente. Sus intereses creados en el Estado les hacen dóciles para sus fines.

Es esta participación en la depredación lo que caracteriza al Estado. Sin el apoyo de grupos privilegiados, el Estado se desmoronaría. Sin el Estado, los grupos privilegiados desaparecerían. El contrato se basa en la ley de la parsimonia.

El instrumento que pone al Estado en posición negociadora con sus favoritos son los impuestos. Al principio, cuando la simple comunidad establece el Gobierno, se admite que sus operaciones puedan no ser productivas y por tanto tengan que ser apoyadas por el mercado. Deben pagarse los servicios.

Pero la manera de pagar por el servicio del Gobierno genera un problema: los impuestos son cargas obligatorias, no pagos voluntarios y su recaudación se confía a la misma gente que vive de ellos; el poder coactivo que se les otorga se emplea para recaudar sus propios salarios.

Es comprensible que esta función se aplique con vigor. Aún así, allí donde el poder político está bajo la supervisión constante de la Sociedad, la urgencia por aumentar los impuestos para agrandar el poder político puede estar bajo control. Pero esta restricción pierde fuerza a medida que la Sociedad crece en tamaño y complejidad de sus intereses: la preocupación de sus miembros por las empresas productivas diluye su interés en los asuntos públicos, que tienden a convertirse en asunto privado de los funcionarios.

Se produce la centralización del poder político, que es simplemente su separación de las restricciones de las sanciones sociales, y los tipos impositivos crecen al mismo tiempo. El establishment político (la corte de Luis XIV o la igualmente improductiva burocracia del moderno estado “de bienestar”) adquiere así autosuficiencia: tiene los medios para pagar sus nóminas por fuerza e invertir en empresas para acumular poder.

Siempre hay razones buenas y suficientes para más y más impuestos. El templo de Salomón, las vías de Roma, la protección de las “industrias nacientes”, la disposición militar, la regulación de la moral, la mejora del “bienestar general”, todas piden su parte en el mercado y el producto final de cada parte es un aumento en el poder del Estado.

Algunas de las apropiaciones se filtran a algunos miembros de la sociedad, satisfaciendo así el deseo de algo por nada, al menos temporalmente, y así estimulan una disposición a tolerar la institución y a eliminar el entendimiento de su carácter depredatorio. Hasta que el Estado no alcanza su objetivo final, el absolutismo, su respuesta a las quejas sobre impuestos es que “el otro” paga todo lo recaudado y eso parece satisfacer.

Pasando rápido por la biografía de las instituciones políticas, la práctica de comprar el apoyo de los grupos privilegiados y subvencionados cambia cuando el Estado se hace autosuficiente, es decir, cuando el mercado esta completamente bajo su dominio. Entonces el Estado se convierte en la única clase privilegiada. La costumbre y la necesidad reducen a la Sociedad a una condición servil a la burocracia y la policía, los componentes del Estado.

Esta condición se conoce actualmente como totalitarismo, pero en realidad no es sino conquista, la conquista de la Sociedad por el Estado. Así que, sea o no el Estado originado en la conquista, como sostenían algunos historiadores, el resultado final de las instituciones políticas no controladas es el mismo: la Sociedad se esclaviza.

Esto no es el final. El tamaño del Estado crece con la depredación, el tamaño de la Sociedad se encoge en proporción. Para una explicación de esta antítesis, volvemos a la composición del hombre. Descubrimos que sólo trabaja para satisfacer sus deseos, de los que tiene una plétora, y que el resultado de sus esfuerzos está en proporción a su ingesta de satisfacciones.

Si esta inversión de trabajo no genera beneficios o si la experiencia le dice que no puede esperarse ninguno, su interés por el trabajo decae. Es decir, la producción disminuye por la cantidad de expropiación que debe soportar: si la expropiación es demasiado severa y la evasión se hace imposible, de forma que aprende a aceptarla como una forma de vida y olvida lo que realmente es, su producción tiende al mínimo de la mera existencia.

Pero como el Estado prospera a partir de lo que expropia, la disminución general de la producción a la que induce su avaricia anuncia su propia condena. Su fuente de ingresos se seca. Así, al derribar a la Sociedad, se derriba a sí mismo. Su desmoronamiento final normalmente lo ocasiona una guerra desastrosa, pero precediendo a ese acontecimiento hay una historia de aumentar gravámenes descorazonadores en el mercado, generando una disminución de las aspiraciones, esperanzas y autoestima en sus víctimas.

Cuando hablamos de la desaparición de una civilización, no queremos decir que se haya extinguido un pueblo. Todo holocausto deja supervivientes. Lo que implica la caída de una civilización es la desaparición de la memoria de una acumulación de conocimiento y de valores que en un tiempo obtuvo un pueblo.

Las artes y ciencias prevalentes, la religión y los modales, las formas de vivir yd e ganarse la vida se han olvidado. Han sido arrumbadas no por una pila de polvo sino por una falta general de interés en las satisfacciones marginales, en las cosas que los hombres tratan de lograr cuando se gana la lucha por la existencia. Podemos arreglárnoslas sin cuchillos y tenedores cuando obtener comida es bastante problema y el primer objetivo del vestido es ofrecer calor, no adorno.

Por el contrario, cuando se acumulan los productos primarios, el ser humano empieza a soñar con nuevos mundos a conquistar, incluido el mundo de la mente: cultura, ideas, valores. Las conquistas acumuladas se convierten en indicios de una civilización. La pérdida de una civilización es el reverso de ese proceso de acumulación cultural. Es la renuncia, por razones de necesidad, a aquellas satisfacciones que no son esenciales para la existencia. Es un proceso de olvidar a través de las fuerza de la circunstancia: es la abstinencia impuesta por el entorno.

A veces la voluntad de la naturaleza impone la abstinencia por un tiempo, pero la historia muestra que el hombre es bastante capaz de superar esos obstáculos a sus ambiciones. El obstáculo que no parece se capaz de superar es su inclinación a la rapiña, que da lugar a la institución del Estado; es esta institución la que en definitiva induce a un clima de utilidad o falta de interés en esforzarse y así destruye la civilización que alimenta. O como muestra la historia: toda civilización que declinó o se perdió llevaba a la espalda un Estado todopoderoso.

El colapso de un Estad significa un debilitamiento de los instrumentos de coacción por medio de los cuales la propiedad de los frutos del trabajo propio se transfieren a gobernantes improductivos o sus cómplices. A partir de entonces, tal vez durante siglos, la libertad prevalece, los hombres aprenden de nuevo a soñar y esperar y la consecución de cada sueño mediante trabajo anima a otras fantasías y genera más esfuerzo; así la riqueza se multiplica, el conocimiento se acumula, los modales toman forma y los valores inmateriales adquieren importancia en la jerarquía humana. Ha nacido una nueva civilización.

Aunque se recupere por accidente algo de la civilización perdida, lo que se ha enterrado tiene que volverse a aprender: la nueva civilización no crece a partir de su predecesora, sino que deriva de los esfuerzos de los vivos. En todo caso, la historia nos dice que en cuanto empieza una civilización se asocia a ella una institución política que se alimenta de ella y acaba devorándola. Y el estribillo empieza de nuevo.


Frank Chodorov fue un defensor del libre mercado, el individualismo y la paz. Empezó apoyando a Henry George y editó la revista georgista The Freeman antes de fundar su propio periódico, que fue el influyente Human Events. Después fundó otra versión de The Freeman para la Foundation for Economic Education y dio clases en la Freedom School en Colorado.

Thursday, October 21, 2010

Auge y Caída de la Ciudad

Mises Diario: Miercoles 23 de Noviembre de 2005

por Hans-Hermann Hoppe

Casi todos los entornos urbanos en el mundo están plagados de conflictos entre grupos, tanto es así que los comentaristas políticos pueden hablar de votos y candidatos, generalmente en términos de composición demográfica e impacto del voto. No es sólo en Baghad donde la gente lucha por las palancas del poder. Más bien, cada elección enciende el “voto religioso", el "voto negro", el “voto de los negocios”, el “voto de la mujer”, etc. Este es un triste comentario sobre la ciudad moderna, fundada en la Edad Media como un lugar de paz y de comercio y la cual vino a ser el fundamento mismo de la civilización.

¿Por qué existen estos conflictos y porqué la ciudad - el centro cultural de la civilización, caracterizada por la paz y la prosperidad - los atrae? Los marxistas dicen que ese conflicto urbano tiene sus raíces en la guerra entre el capital y el trabajo, los racistas dicen que su raíz se encuentra en la explotación de una raza por otra, y las feministas lo ven como el resultado de la lucha perpetua por el sexo. La religión evidentemente juega su papel también, tal como lo demuestra el caso de Irak.

Y, sin embargo ninguno de estos factores habla de la causa fundamental del conflicto urbano. Como respuesta ofrezco esta reflexión, tomada de mi libro Democracia: El Dios que falló: es el Estado, y ninguna otra institución o fuerza social, la entidad que convierte la pacífica civilización urbana en una zona de guerra:

Ludwig von Mises explicaba la evolución de la sociedad - de la cooperación humana bajo la división del trabajo - como el resultado combinado de dos factores. Estos factores son, en primer lugar, las diferencias existentes entre los hombres (trabajo) y las desigualdades en la distribución geográfica de los factores de producción brindados por la naturaleza (tierra), y en segundo lugar, el reconocimiento del hecho de que la labor efectuada bajo la división del trabajo es más productiva que el trabajo realizado en aislamiento autosuficiente. Escribe:

Siempre y cuando la labor bajo la división del trabajo sea más productiva que el trabajo aislado, y siempre y cuando el hombre sea capaz de darse cuenta de este hecho, la acción humana por si misma tiende hacia la cooperación y la asociación, el hombre se convierte en un ser social, no al sacrificar su propios intereses en aras de una mítica Moloch, la sociedad, sino al perseguir el mejoramiento de su propio bienestar. La experiencia enseña que esta condición - la mayor productividad lograda bajo la división del trabajo - está presente porque su causa - la desigualdad innata de los hombres y la desigualdad en la distribución geográfica de los factores naturales de producción - es real. Por lo tanto estamos en condiciones de comprender el curso de la evolución social. [1]
Es importante destacar varios puntos interesantes a fin de lograr un entendimiento apropiado de esta idea fundamental de Mises sobre la naturaleza de la sociedad - puntos que también nos ayudarán a llegar a algunas conclusiones preliminares sobre los roles del sexo y la raza en la evolución social.

En primer lugar, es importante reconocer que las desigualdades con respecto al trabajo o la tierra son una condición necesaria pero de ninguna manera una condición suficiente para el surgimiento de la cooperación humana. Si todos los seres humanos fueran idénticos y todo el mundo estuviera equipado con idénticos recursos naturales, todo el mundo produciría la misma calidad y cantidad de bienes, y por tanto la idea de intercambio y cooperación nunca entraría en la mente de alguien.

Sin embargo, la existencia de desigualdades no es suficiente para lograr la cooperación. También hay diferencias en el reino animal - en particular la diferencia de sexo (género) entre los miembros de la misma especie animal, así como la diferencia entre las distintas especies y subespecies (razas), pero no hay tal cosa como la cooperación entre los animales .

Sin duda, están las abejas y las hormigas que se conocen como "sociedades de animales". Sin embargo, forman sociedades sólo en sentido metafórico [2]. La cooperación entre las abejas y las hormigas se efectúa exclusivamente por factores biológicos - por instintos innatos. No pueden no cooperar como lo hacen, y sin ciertos cambios fundamentales en su estructura biológica, la división del trabajo entre ellos no está en peligro de romperse. En claro contraste, la cooperación entre los seres humanos es el resultado de acciones individuales con propósito, dirigidas concientemente a la consecución de sus fines personales. Como resultado, la división del trabajo entre los hombres está constantemente amenazada con la posibilidad de desintegración.

En el reino animal, entonces, de la diferencia entre los sexos sólo puede decirse que es un factor de atracción - para la reproducción y la proliferación -, mientras que podemos referirnos a las diferencias entre especies y subespecies como un factor de repulsión, de separación, o aún de fatal antagonismo, de evasión, de lucha y aniquilación.

Por otra parte, en el reino animal no tiene sentido describir el comportamiento resultante de la atracción sexual como consensual (el amor) o sin consentimiento (violación), ni tampoco tiene sentido hablar de la relación entre miembros de diferentes especies o subespecies como uno de hostilidad y odio o de delincuente y víctima. En el reino animal sólo existe la interacción, que no es ni comportamiento cooperativo (social) ni comportamiento criminal (antisocial). Como dice Mises:

Hay interacción - influencia recíproca - entre todas las partes del universo: entre el lobo y la oveja que devora; entre el germen y el hombre que mata, entre la piedra que cae y aquello sobre lo que cae. La sociedad por el contrario, implica siempre hombres que actúan en cooperación con otros hombres a fin de permitir a todos los participantes alcanzar sus propios fines [3].
Si la cooperación humana ha de evolucionar, además de las desigualdades en tierra y mano de obra, debe cumplirse con un segundo requisito. Los hombres - al menos dos de ellos - deben ser capaces de reconocer la mayor productividad de una división del trabajo basada en el reconocimiento mutuo de la propiedad privada (del control exclusivo de cada uno sobre su propio cuerpo y sus posesiones físicas) al compararla con la obtenida, o bien con el aislamiento auto-suficiente, o bien con la agresión, depredación, y dominación.

Es decir, debe haber un mínimo de inteligencia o racionalidad, y los hombres - al menos dos de ellos - debe tener la suficiente fuerza moral para entender este concepto y estar dispuestos a renunciar a la gratificación inmediata por una aún mayor satisfacción en el futuro. Sino fuera por la inteligencia y la voluntad consciente, escribe Mises, los hombres hubieran permanecido por siempre como enemigos mortales entre sí, rivales irreconciliables en sus esfuerzos por asegurar una parte de la escasa oferta de medios de sustento que ofrece la naturaleza. Cada hombre se habría visto obligado a ver a todos los demás hombres como enemigos; el ansia por la satisfacción de sus apetitos le habría llevado a un conflicto implacable con todos sus vecinos. Bajo tal estado de cosas no se hubieran podido desarrollar sentimientos de compasión, solidaridad o simpatía [4].

Hay miembros de la especie humana que son capaces de entender el concepto, pero que carecen de la fuerza moral para actuar en consecuencia. Tales personas bien pueden ser, bestias inofensivas que viven aparte, separadas de la sociedad humana, o simplemente son delincuentes. Hay personas que a sabiendas actúan equivocadamente y que además de tener que ser domesticadas, o incluso físicamente derrotadas, deben ser castigadas en proporción a la gravedad de su crimen para hacerles comprender la naturaleza de sus malas acciones y es de esperarse que con ello aprendan una lección para el futuro. La cooperación humana (la sociedad) puede prevalecer y avanzar siempre y cuando el hombre sea capaz de dominar, domesticar, apropiar, y cultivar su entorno físico y animalístico, y siempre que consiga reprimir el delito, reduciéndolo a una rareza, por medio de auto-defensa, protección de la propiedad, y castigo [5].

Una vez se cumplen estos requisitos, sin embargo, y mientras el hombre, motivado por el conocimiento de la mayor productividad física de la división del trabajo basada en la propiedad privada, se dedica a intercambios mutuamente beneficiosos, las fuerzas "naturales" de atracción que surgen de las diferencias entre los sexos y las fuerzas "naturales" de repulsión o enemistad derivadas de las diferencias entre, e incluso dentro de, las razas, puede ser transformadas en verdaderas relaciones "sociales". La atracción sexual, de cópula, puede transformarse en relaciones consensuales, en lazos de unión mutua, en hogares, familias, amor y afecto [6]. (Lo demuestra la enorme productividad del hogar familiar que, como ninguna otra institución, ha demostrado ser más duradera o capaz de producir tales emociones). Y la repulsión inter e intra-racial puede transformarse de sentimientos de enemistad u hostilidad a preferencia por la cooperación (comercial) entre sí.

La cooperación humana - la división del trabajo - sobre la base de la integración familia-hogar y en hogares separados, en pueblos, tribus, naciones, razas, etc., donde las naturales atracciones y repulsiones biológicas del hombre, a favor y en contra, del uno y del otro, se transforman en un sistema de reconocimiento mutuo de asignación de espacio geográfico (de aproximación física e integración o de separación y segregación, y de contacto directo o indirecto, intercambio y comercio), conduce a mejores niveles de vida, a una población creciente, a la extensificación e intensificación de la división del trabajo, y a crecientes diversidad y diferenciación [6].

Como resultado de este desarrollo y de un aumento cada vez más rápido de mercancías y deseos que pueden ser adquiridos y satisfechos sólo de manera indirecta, surgirán los comerciantes profesionales, los mercaderes y los centros de comercio. Los comerciantes y las ciudades funcionan como mediadores de los intercambios indirectos entre familias separadas territorialmente y asociaciones comunales y se convierten así en el lugar y foco sociológico y geográfico de asociación inter-tribal o interracial.

Será dentro de la clase de los comerciantes en la cual son relativamente más comunes los matrimonios mixtos entre razas, etnias o tribus, y como la mayoría de las personas, de ambos grupos de referencia, por lo general desaprueban este tipo de alianzas, son los miembros más ricos de la clase comerciante quienes pueden permitirse tales extravagancias. Sin embargo, incluso miembros de las familias más ricas de los comerciantes serán muy circunspectos en tales menesteres. Con el fin de no poner en peligro su propia posición como comerciante, se debe tener mucho cuidado para que todo matrimonio mixto sea un matrimonio entre "iguales" [7].

En consecuencia, será en las grandes ciudades como centros de intercambio y comercio internacional, donde una variedad de parejas y sus descendientes residen habitualmente, donde los miembros de diferentes etnias, tribus, razas, incluso si no se casan, todavía entran regularmente en contacto personal directo entre sí (de hecho, que lo hagan así es requerido para que, al regresar a casa, los respectivos miembros de tribu, no tengan que tratar directamente con extraños más o menos desagradables), y donde surgirá el más elaborado, y altamente desarrollado, sistema de integración y segregación, física y funcional [8]. También será en las grandes ciudades donde, como reflejo subjetivo de este complejo sistema de asignación funcional de espacios, los ciudadanos desarrollarán las más refinadas formas de conducta profesional y personal, de etiqueta, y de estilo. Es la ciudad la que engendra civismo y vida civilizada.

Para mantener la ley y el orden dentro de una ciudad grande, con su intrincado patrón de integración y separación, físico y funcional, hará su aparición una gran variedad de jurisdicciones, jueces, árbitros y agentes del orden, además de agencias de auto-defensa y protección privada. Habrá en la ciudad lo que uno podría llamar gobernabilidad, pero no habrá ningún gobierno (estado) [9].

Para que un gobierno surja es necesario que uno de esos jueces o árbitros consiga establecerse a sí mismo como un monopolio. Es decir, debe ser capaz de insistir en que ningún ciudadano puede elegir a otro sino a él, como juez o árbitro de última instancia, y debe suprimir con éxito la aparición de cualquier otro juez o árbitro que trate de asumir el mismo papel (en competencia contra él).

Más interesante que la cuestión de que es un gobierno, sin embargo, son las siguientes preguntas: ¿Cómo es posible que un juez pueda adquirir el monopolio del poder, dado que otros jueces se opondrán naturalmente, a cualquier tentativa en ese sentido; y que específicamente hace que sea posible, y que implica, establecer un monopolio de ley y orden en una ciudad grande, es decir, sobre un territorio poblado por una mezcla de etnias, tribus y razas?

En primer lugar, casi por definición se deduce que con el establecimiento de un gobierno en la ciudad aumentarán las tensiones inter-raciales, tribales, étnicas y de clanes familiares debido a que el monopolio, sea quien sea, debe ser de uno u otro origen étnico, por lo que ser el monopolista será considerado por los ciudadanos de otras etnias como un retroceso insultante, es decir, como un acto de discriminación arbitraria contra las personas de otra raza, tribu o clan. Se perturbará entonces el delicado equilibrio de interracial, interétnico, y de cooperación pacífica inter-familiar, logrado mediante el intrincado sistema de integración y separación espacial y funcional.

En segundo lugar, esta idea conduce directamente a la respuesta de cómo un juez único, pueda en alguna forma ganarles a todos los demás. En resumen, para vencer la resistencia de los jueces en competencia, un aspirante al monopolio debe asegurarse el apoyo adicional de la opinión pública. En un entorno étnicamente mixto esto significa normalmente jugarse "la carta racial". El candidato al monopolio debe elevar la conciencia racial, tribal o de clan entre los ciudadanos de su propia raza, tribu, clan, etc., y prometer, a cambio de su apoyo, el ser más que imparcial como juez en los asuntos relacionados con la propia raza, tribu o clan (exactamente lo que los ciudadanos de otras etnias temen, es decir, el ser tratados con menor imparcialidad) [10].

En esta etapa de esta reconstrucción sociológica hagamos, sin más explicaciones, rápidamente introduzcamos unos pocos pasos adicionales necesarios para llegar a un escenario contemporáneo realista en cuanto a raza, sexo, sociedad y del Estado. Naturalmente, un monopolista tratará de mantener su posición e incluso convertirla en un título hereditario (es decir, convertirse en un rey). Sin embargo, lograr esto dentro de una ciudad mixta étnica o tribalmente es una tarea mucho más difícil que dentro de una comunidad rural homogénea.

En cambio, en las grandes ciudades los gobiernos son mucho más propensos a adoptar la forma de una república democrática - con "entrada abierta" a la posición de gobernante supremo, a la competencia entre partidos políticos y a las elecciones populares [11]. En el curso del proceso de centralización política [12] - la expansión territorial de un gobierno a expensas de otro - este modelo de gobierno de ciudad grande se convertirá en esencia, en su forma única: la de un Estado democrático, en ejercicio de un monopolio jurisdiccional sobre un territorio con población, étnica o racialmente, diversa.

Si bien el monopolio judicial de los gobiernos hoy en día normalmente se extiende mucho más allá de una sola ciudad y en algunos casos a lo largo de casi todo un continente, las consecuencias para las relaciones entre razas y sexos y la aproximación y la segregación territoriales de un gobierno (monopolio) todavía se pueden observar mejor en las grandes ciudades, por su progresivo deterioro de centros de civilización, a centros de degeneración y decadencia.

Con un gobierno central que se extiende por ciudades y campos, se crean países, paisanos (de la propia tierra) y extranjeros. Esto no tiene efecto inmediato en el campo, donde no hay extranjeros (miembros de etnias, razas, etc., diferentes). Pero en los grandes centros comerciales, donde hay poblaciones mixtas, la distinción jurídica entre paisano y extranjero (más bien que entre dueños de propiedad privada de etnias o razas disímiles), casi invariablemente conducen a una cierta forma de exclusión forzada y a una reducción del nivel de cooperación interétnica.

Por otra parte, con un Estado central en su lugar, la segregación y la separación físicas entre ciudad y campo se reducirán sistemáticamente. Con el fin de ejercer el monopolio judicial, el gobierno central debe ser capaz de acceder a la propiedad privada de todos los paisanos, y para ello debe tomar el control de todos los caminos existentes e incluso ampliar el actual sistema de carreteras. Diferentes familias y pueblos son así puestos en contacto más estrecho de lo que hubiera sido de desear, y la distancia y separación físicas entre ciudad y campo se verá sensiblemente disminuida. Por lo tanto, internamente, se promoverá una integración forzada.

Naturalmente, esta tendencia hacia la integración forzada será más pronunciada en las ciudades debido a la monopolización de vías y calles. Esta tendencia se verá estimulada cuando, como es típico, el gobierno tiene su sede en una ciudad. Un gobierno elegido popularmente no puede evitar usar su monopolio judicial para participar en políticas redistributivas a favor de su circunscripción racial o étnica, lo cual invariablemente atraerá aún más a miembros de su propia tribu, y con los cambios en el gobierno más miembros de más y diferentes tribus serán atraídos del campo a la ciudad capital para recibir empleo o dádivas del gobierno. Como resultado, no sólo la capital se vuelve relativamente "de gran tamaño" (mientras otras ciudades se encogen). Al mismo tiempo, debido a la monopolización de las calles "públicas" - todo el mundo podrá deambular por donde quiera - se estimulará toda forma de tensión y animosidad entre las minorías étnicas, tribales y raciales.

Además, si bien, los matrimonios entre diferentes razas, tribus y etnias fueron originalmente escasos y limitados a los estratos superiores de la clase mercantil, con la llegada de burócratas de varias tribus, etnias y razas a la ciudad capital, la frecuencia del matrimonio interétnico aumentará, y el enfoque de las relaciones sexuales inter-raciales - incluso sin matrimonio - cada vez más pasará de la clase alta de los comerciantes a las clases bajas - incluso a la clase más baja, la de los receptores de asistencia social. El apoyo del Gobierno al bienestar llevará naturalmente a un aumento en la tasa de natalidad de los beneficiarios de asistencia en comparación con la tasa de natalidad de otros miembros, particularmente, con los miembros de la clase alta de su tribu o raza.

Como resultado de este crecimiento desproporcionado de las clases más bajas y con un número cada vez mayor de descendientes de mezclas de etnias, tribus y razas, sobre todo en los estratos más bajos, va a cambiar también, poco a poco, el carácter democrático (popular) del gobierno. En lugar de la carta "racial" esencialmente como único instrumento político, la política se convertirá cada vez más en una "política de clases”. Los gobernantes pueden depender, pero no exclusivamente, de su atractivo y su apoyo tribales, étnicos o raciales, sino que cada vez más tratarán de encontrar apoyo cruzando líneas tribales o raciales, apelando al sentimiento universal de envidia e igualitarismo (ya no de tribu ni de raza específica), es decir, a la clase social (los intocables o los esclavos contra los amos, los trabajadores contra los capitalistas, los pobres contra los ricos, etc.) [13], [14].

La mezcla cada vez mayor de política de clases igualitarias con políticas tribales pre-existentes conduce a mayores, hostilidad y tensión, raciales y sociales, y aún a una mayor proliferación de la población de las clases más bajas.

Además de ciertos grupos étnicos o tribales compelidos a salir de las ciudades como consecuencia de las políticas tribales, cada vez más miembros de las clases altas de todos los grupos étnicos o tribales saldrán de la ciudad hacia los suburbios (sólo para ser seguidos - por medio del transporte público (del gobierno) - por las mismas personas de cuyas conductas habían tratado de escapar) [15]. Con la salida de la clase alta y de los comerciantes en grandes cantidades, sin embargo, se debilitarán unas de las últimas fuerzas civilizadoras, y lo que queda abandonado en las ciudades representa una selección cada vez más negativa de la población: los burócratas del gobierno que trabajan pero no viven allí, y los delincuentes, y los marginados de todas las tribus y razas que viven allí, pero que no trabajan, sino que sobreviven del Estado-Benefactor. (Piense solo en Washington, DC.)

Cuando uno pensaba que las cosas no podrían a ser peor, empeoran. Después que se han jugado las cartas de "raza" y "clase" y han hecho su trabajo devastador, el gobierno recurre a las cartas de sexo y género, y "la justicia racial" y "la justicia social" se complementan con la "justicia de género” [16]. El establecimiento de un gobierno - un monopolio judicial - no sólo implica que jurisdicciones anteriormente separadas sean integradas a la fuerza (como distritos segregados étnica o racialmente, por ejemplo); implica al mismo tiempo que jurisdicciones antes plenamente integradas (como los hogares y las familias) sean, a la fuerza, desgarradas y aún disueltas.

En vez de considerar asuntos intrafamiliares e intra-hogareñas (temas como el aborto, por ejemplo) como para ser juzgadas o arbitradas por nadie más que por el jefe del hogar o por los miembros de la familia, [17] una vez que un monopolio judicial se ha establecido, sus agentes - el gobierno - llegan a ser jueces y árbitros de última instancia, y naturalmente tratarán de expandir sus funciones, de todos los asuntos familiares. Para ganar el apoyo popular por su papel el gobierno (además de enfrentar una clase tribal, racial, o social contra otra) de igual manera promoverá la división dentro de la familia: entre los sexos - marido y mujer - y las generaciones - los padres y los niños [18]. Una vez más, esto será particularmente notable en las grandes ciudades.

Toda forma de asistencia social por parte del gobierno - la transferencia obligatoria de riqueza o de ingresos de los "que tienen" hacia quienes "nada tienen" reduce el valor de la membrecía personal en un sistema extendido de hogares familiares como sistema social de cooperación mutua y de ayuda y asistencia. El matrimonio pierde valor. Para los padres se reduce el valor y la importancia de una "buena" educación para sus propios hijos. En consecuencia, de los hijos hacia sus propios padres habrá menores, respeto y atención. Debido a la alta concentración de receptores de asistencia social, está ya bastante avanzada la desintegración de la familia en las grandes ciudades. Al apelar al género y a la generación (edad) como fuente de apoyo político y a la promoción y promulgación de legislación basada en el sexo (género) y en la familia, invariablemente se debilitan la autoridad de los jefes de hogar y la "natural" jerarquía inter-generacional dentro de las familias y disminuye el valor de la familia multi-generacional como unidad básica de la sociedad humana.

Ciertamente y debe quedar claro, en el momento en que la ley y la legislación gubernamental suplantan el derecho y la legislación de familia (incluidos los acuerdos intrafamiliares en relación con el matrimonio, la descendencia en familia comunal, la herencia, etc.), sólo se obtiene la erosión sistemática de los valores y de la importancia de la institución familiar. Porque ¿qué es una familia, si ni siquiera puede encontrar y mantener sus propios orden y legislación internos! Al mismo tiempo, y debe quedar claro también, aunque no ha sido suficientemente señalado, desde el punto de vista de los gobernantes, la capacidad de interferencia en los asuntos internos de familia tienen que considerarlo como el premio supremo y el pináculo de su propio poder.

Una cosa es explotar los resentimientos tribales o raciales o la envidia de clase en ventaja personal. Otra muy distinta es lograr utilizar las disputas que surjan dentro de las familias para romper todo el sistema, en general armonioso, de las familias autónomas,: para arrancar de raíz a los individuos de sus familias a fin de aislarlos y atomizarlos, lo cual aumenta el poder del estado sobre ellos. En consecuencia, a medida que se implementa la política de familia del gobierno, también se incrementan los divorcios, la soltería, la maternidad soltera y la ilegitimidad, los incidentes entre padres o entre cónyuges, la negligencia con, o el abuso de, los niños, y la variedad y frecuencia de estilos de vida "no tradicionales" [19].

Paralelo a este desarrollo habrá un aumento gradual pero constante de la delincuencia y de las conductas delictivas. Bajo los auspicios del monopolio, la ley (el derecho natural) siempre será transformada en legislación. Como resultado de un proceso interminable de redistribución de ingresos y de riqueza en nombre de la discriminación racial, social, y de la justicia de género, la idea misma de justicia como conjunto de principios universales e inmutables de conducta y cooperación, en última instancia, se irá erosionando y destruyendo. En lugar de ser concebido como algo preexistente (y por descubrir), el derecho es cada vez más una ley redactada por el gobierno (legislación).

En consecuencia, no sólo aumentará la inseguridad jurídica, sino que, en reacción, la tasa social de preferencia temporal se elevará (es decir, la gente en general estará más orientada al presente y a la planificación a un horizonte temporal cada vez más corto). También se promoverá el relativismo moral. Porque si no existe tal cosa como un derecho absoluto, se desprende que tampoco habrá un agravio o una injusticia absoluta. De hecho, lo que hoy es correcto puede ser una equivocación mañana, y viceversa.

Por consiguiente el aumento de las preferencias temporales combinado con el relativismo moral, constituye el caldo de cultivo perfecto para los delincuentes y los delitos - una tendencia especialmente evidente en las grandes ciudades. Es aquí donde la disolución de las familias está más avanzada, cuando existe la mayor concentración de receptores de asistencia social, donde ha llegado más lejos el proceso de pauperización genética, y donde son más virulentas las tensiones tribales y raciales como resultado de la integración forzada. Más bien que centros de civilización, las ciudades se han convertido en centros de desintegración social, corrupción, brutalidad y delincuencia [20].

Sin duda, la historia está, en última instancia, determinada por las ideas y las ideas pueden, al menos en principio, cambiar casi instantáneamente. Pero, para que las ideas cambien no es suficiente que la gente vea que algo está equivocado. Por lo menos un número importante de personas debe ser también lo suficientemente inteligente como para reconocer qué es lo que está mal. Es decir, se deben entender los principios básicos sobre los que se basa la sociedad, la cooperación humana: que son precisamente los principios que aquí se explican. Además la gente debe tener suficiente fuerza de voluntad para actuar de acuerdo con esta idea.

El estado - un monopolio judicial - debe ser reconocido como fuente de de-civilización: los estados no crean la ley y el orden, los destruyen. Las familias y los hogares deben ser reconocidos como fuente de la civilización. Es esencial que los jefes de familia y de hogar reafirmen su autoridad de última instancia, como jueces en todos los asuntos internos de la familia. Los hogares deben ser declarados territorio inviolable, extraterritorial, como las embajadas extranjeras. La libre asociación y la exclusión del territorio deben ser reconocidos, no como cosas malas, sino buenas, que facilitan la cooperación pacífica entre diferentes grupos étnicos y raciales. La protección social debe ser reconocida como un asunto exclusivamente de las familias, y la caridad voluntaria y el Estado Benefactor no son más que la subvención, o el subsidio, a la irresponsabilidad.



Hans-Hermann Hoppe (Hoppe@Mises.com ) es profesor de economía en la Universidad de Nevada, Las Vegas.

Este ensayo se basa en un capítulo de Democracy: The God that Failed (La democracia: El Dios que Falló).

1 Ludwig von Mises, Human Action: A Treatise on Economics, Edición Académica (Auburn, Ala: Ludwig von Mises Institute, 1998), p.160.9

2 Véase sobre esto Jonathan Bennett, Rationality: An Essay Toward an Analysis (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1964).

3 Mises, Human Action, p. 169.

4 Ibid., p. 144.

5 Rara vez ha hecho Mises más énfasis sobre la importancia de la cognición y la racionalidad, que en el surgimiento y mantenimiento de la sociedad. Explica que uno

puede admitir que en el hombre primitivo fueran innatas la propensión a matar y a destruir, así como también la disposición a la crueldad. También podemos suponer que bajo las condiciones de las edades más tempranas de la antigüedad la inclinación a la agresión y al asesinato fueran favorables a la preservación de la vida. El hombre fue alguna vez una bestia brutal. Pero no hay que olvidar que era un animal débil físicamente; no hubiera estado a la altura de las grandes bestias de presa si no hubiera estado equipado con un arma peculiar, la razón. Por el hecho de que el hombre sea un ser razonable, y que por lo tanto no cede sin inhibiciones a sus impulsos, sino que organiza su conducta de acuerdo a una razonada deliberación, debe ser calificado como natural desde el punto de vista zoológico. Conducta racional significa que el hombre, ante el hecho de que no puede satisfacer todos sus impulsos, deseos y apetitos, renuncia a la satisfacción de aquellos que considere menos urgentes. Con el fin de no poner en peligro el funcionamiento de la cooperación social, el hombre se ve obligado a abstenerse de satisfacer aquellos deseos cuya satisfacción impediría el establecimiento de las instituciones de la sociedad. No cabe duda de que tal renuncia es dolorosa. Sin embargo, el hombre ha hecho su elección. Ha renunciado a la satisfacción de ciertos deseos incompatibles con la vida social y ha dado prioridad a la satisfacción de los deseos que puede realizar sólo, o en una forma más abundante, dentro de un sistema de división del trabajo. Esta decisión no es irrevocable ni definitiva. La elección de los padres no afecta la libertad de elegir de los hijos. Ellos pueden revertir la resolución. Todos los días pueden proceder a la transvaloración de los valores y preferir la barbarie a la civilización, o, como dicen algunos autores, el alma al intelecto, los mitos a la razón, y la violencia a la paz. Pero deben elegir. Es imposible tener cosas incompatibles entre sí. (Human Action, pp. 171-72)
Ver sobre esto también Joseph T. Salerno, "Ludwig von Mises as Social Rationalist," Review of Austrian Economics 4 (1990).

6."En el marco de la cooperación social", escribe Mises, entre los miembros de la sociedad pueden surgir sentimientos de simpatía y de amistad y del sentido de pertenencia común. Estos sentimientos son la fuente de las más deliciosas y las más sublimes experiencias del hombre. Ellas son el adorno más preciado de la vida; levantan la especie animal "hombre" a la altura de una real existencia humana. Sin embargo, no son, como algunos han afirmado, los agentes que han dado lugar a las relaciones sociales. Son los frutos de la cooperación social, se desarrollan sólo dentro de su marco; no precedieron el establecimiento de relaciones sociales ni son la semilla de la que provienen. (Ibíd., p.l44).

"La atracción sexual mutua entre hombre y mujer", Mises explica, más adelante,

es inherente a la naturaleza animal del hombre y es independiente de cualquier pensamiento y especulación. Es permitido llamarla original, vegetativa, instintiva, o misteriosa; - Sin embargo, ni la cohabitación, ni lo que lo precede o lo que le sigue, genera cooperación social ni modos sociales de vida. Los animales también se unen en el apareamiento, pero no han desarrollado relaciones sociales. La vida familiar no es meramente el producto de la relación sexual. No es, de manera alguna, natural ni necesario que padres e hijos vivan juntos en la forma en que lo hacen en la familia. La relación del apareamiento no necesariamente resulta en una organización familiar. La familia humana es el resultado de pensar, planificar y actuar. Es este hecho lo que la diferencia radicalmente de los grupos de animales que llamamos per analogiam familias animales. (Ibid. p. L67)
7 Véase Murray N. Rothbard, "Freedom, Inequality, Primitivism, and the Division of Labor," en idem, Egalitarianism as a Revolt Against Nature and Other Essays (Auburn, Ala: Instituto Ludwig von Mises, 2000).

8 Véase Wilhelm Mühlmann, Rassen, Ethnien, Kulturen. Moderne Ethnologie (Neuwied: Luchterhand, 1964), pp. 93 a 97. En general, aparte de los estratos superiores de la clase de los comerciantes, la mezcla racial o étnica pacífica suele restringirse a los miembros de la clase social alta, es decir, a los nobles y aristócratas. Por lo tanto, las familias menos étnica o racialmente puras son característicamente las principales dinastías reales.

9. Por ejemplo, Fernand Braudel ha dado la siguiente descripción del complejo patrón de separación espacial y de integración funcional y la correspondiente multiplicidad de jurisdicciones, separadas y en competencia, desarrolladas en los centros comerciales de la talla de Antioquía, durante el apogeo de la civilización islámica, entre los siglos VIII y XII: En el centro de la ciudad

estaba la Gran Mezquita, la del sermón semanal. Cerca estaba el bazar, es decir, el barrio de los comerciantes con sus calles y tiendas (el zoco) y su caravansares o almacenes, así como los baños públicos. Los artesanos se agrupaban concéntricamente, a partir de la Gran Mezquita: en primer lugar, los fabricantes y vendedores de perfumes e incienso, y luego las tiendas de venta de telas y alfombras, joyerías y tiendas de alimentos y, finalmente, los más humildes oficios: curtidores, zapateros, herreros, alfareros, talabarteros, tintoreros. Sus tiendas marcaban los bordes de la población. En principio, cada uno de estos oficios tenía su ubicación fija en todos los tiempos. Del mismo modo, el maghzen o cuartel del Príncipe, en principio, estaba situado en las afueras de la ciudad, lejos de motines o revueltas populares. Junto a ella, y bajo su protección, estaba el mellah o barrio judío. El mosaico se completa con una gran variedad de distritos residenciales, divididos por raza y religión: había cuarenta y cinco en Antioquía solamente. "La ciudad era un conglomerado de diferentes barrios, todos los cuales vivían bajo el temor de la masacre”. Así que los colonos occidentales, nunca, en ninguna parte prohijaron la segregación racial - así como tampoco en parte alguna la suprimieron. (Braudel, A History of Civilizations [Nueva York: Penguin Books, l995], p. 66).
10 Véase Otto Brunner, Sozialgeschichte Europas im Mittelalter (Gottingen: Vandenhoeck and Ruprecht, 1984), chap. 8; Henri Pirenne, Medieval Cities (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1969); Charles Tilly and Wim P. Blockmans, eds., Cities and the Rise of States in Europe, 1000 — 1800 (Boulder, Cob.: Westview Press, 1994); Boudewijn Bouckaert, "Between the Market and the State: The World of Medieval Cities," in Values and the Social Order , Vol.3, Voluntary versus Coercive Orders, Gerard Radnitzky, ed. (Aldershot, Reino Unido: Avebury, 1997). Por cierto, los tan denostados Guetos Judíos, que eran característicos de las ciudades europeas durante la Edad Media, no eran indicativos del reconocimiento de una situación de inferioridad jurídica de los Judíos o de discriminación contra los mismos. Por el contrario, el Gueto era un lugar donde los Judíos disfrutaban de completa autonomía y donde se aplicaba la ley rabínica. Véase sobre esto Guido Kisch, The Jews in Medieval Germany (Chicago: University of Chicago Press, 1942); also Erik Von Kuehrielt-Leddihn, "Hebrews and Christians," Rothbard - Rockwell Report 9, no. 4 (Abril, 1998).

11. Para un tratamiento sociológico de la primera etapa (pre-democrática) en el desarrollo de ciudades-estado, que se caracterizaban por un gobierno de patricios aristocráticos, fundado por las familias (clanes) y dividido según conflictos familiares, véase Max Weber, The City (New York: Free Press , 1958), cap. 3. Véase también la nota 16 infra.

12. Esta declaración relativa a la forma de gobierno en las grandes ciudades comerciales característicamente democrática - republicana - en lugar de monárquica - no debe ser malinterpretada como una simple propuesta empírico-histórica. De hecho, históricamente la formación de gobiernos es anterior al desarrollo de grandes centros comerciales. La mayoría de los gobiernos habían sido monárquicos o principescos, y cuando las grandes ciudades comerciales surgieron por primera vez, el poder de los reyes y príncipes típicamente también se extendió inicialmente a estas zonas urbanas recién desarrolladas. En su lugar, la afirmación anterior debería interpretarse como una proposición sociológica sobre la improbabilidad del origen endógeno del gobierno de reyes o príncipes sobre grandes centros comerciales con población étnicamente mixta, es decir, como una respuesta a una cuestión esencialmente hipotética y contra fáctica. Véase a este Max Weber, Soziologie, Analysen Weltgeschichtliche, Politik (Stuttgart: Kroener, 1964), pp. 41 a 42, quien señala que los reyes y nobles, aunque residían en las ciudades, no obstante, decididamente no eran reyes ni nobles de ciudad. Los centros de su poder descansaba fuera de las ciudades, en el campo, y el dominio que tenían sobre los grandes centros comerciales sólo era tenue. Por lo tanto, los primeros experimentos con formas de gobierno democráticas, republicanas, se produjeron característicamente en aquellas ciudades, que se habían desprendido, y ganado su independencia, de un entorno predominantemente monárquico y rural.

13 Sobre la competencia eliminativa y la tendencia inherente de los Estados hacia una centralización y hacia una expansión territorial - en última instancia, hasta el punto de la creación de un gobierno mundial - ver Democracy: The God That Failed, capítulos 5, 11 y 12.

14 Véase sobre esto Helmut Schoeck, Envy: A Theory of Social Behavior (New York: Harcourt, Brace and World, 1970); Rothbard, Egalitarianism as a Revolt Against Nature and Other Essays; y esp. "Freedom, Inequality Primitivism, and the Division of Labor," en ibid.

15 Para un tratamiento sociológico de esta segunda etapa - democrática o "plebeya" - en el desarrollo del gobierno de las ciudades, basado y dirigido por clases y "conflictos de clase" (en lugar de clanes y conflictos familiares, como durante la etapa de desarrollo anterior de gobiernos de patricios), véase Max Weber, The City, cap. 4. A diferencia de gobierno de la ciudad patricia, el gobierno plebeyo, Weber hace observación importante, se caracteriza por

un concepto cambiado de la naturaleza de la Ley. El comienzo de la legislación es paralelo a la abolición del gobierno de los patricios. La legislación adoptaba inicialmente la forma de estatutos carismáticos por los aesymnetes [gobernantes que poseían poder supremo por un tiempo limitado]. Pero pronto fue aceptada la nueva creación de leyes permanentes. De hecho la nueva legislación por la ecclesia llegó a ser tan habitual como para producir un estado de flujo continuo. Pronto una administración puramente secular de la justicia se aplicó a las leyes o, en Roma, a las instrucciones del magistrado. La creación de leyes llegó a tal estado de fluidez que con el tiempo en Atenas, la pregunta anualmente iba dirigida a las personas si las leyes debían mantenerse vigentes o modificarse. Así se llegó a la premisa aceptada que la ley se crea artificialmente y que debe basarse en la aprobación de aquellos a quienes sea aplicable. (pp.170 - 71)
Asimismo, en las ciudades-estado medievales de Europa, el establecimiento "del gobierno del popolo tuvo similares consecuencias. También, produjo ediciones enormes de leyes de la ciudad y la codificación del derecho consuetudinario y las normas de la corte (derecho procesal) que producen un excedente de estatutos de todo tipo y un exceso de funcionarios "(p. 172). De la mano con el concepto cambiado de ley viene una diferente conducta política.

La justicia política del popolo con su sistema de espionaje oficial, su preferencia por las denuncias anónimas, los procedimientos inquisitoriales acelerados contra los magnates, y la prueba simplificada por "notoriedad", era la contraparte democrática de los juicios del Consejo de los Diez [aristocrático - patricio] en Venecia. Objetivamente el sistema popolo fue identificado por: la exclusión de su cargo de todos los miembros de las familias con un estilo de vida caballeresca; obligando a los notables con compromisos de buena conducta; colocando bajo fianza a todos los miembros de la familia de notables, el establecimiento de un ley penal especial para los delitos políticos de los magnates, especialmente insultar el honor de un miembro de la población, la prohibición a un noble de adquirir una propiedad limítrofe con la de un miembro de la población sin el consentimiento de este último. Dado que las familias nobles podían ser expresamente aceptadas como parte de la población, [sin embargo], incluso las oficinas del popolo eran casi siempre ocupadas por nobles. (Págs. 160-61)
16 Véase sobre esta tendencia Edward Banfield, The Unheavenly City Revisited (Boston: Little, Brown, 1974).

17 Véase a este Murray N. Rothbard, "The Great Women's Lib Issue: Setting it Straight," en Egalitarianism as a Revolt Against Nature and Other Essays ; Michael Levin, Feminism and Liberty (New Brunswick, NJ: Transaction Publishers, 1987).

18 Véase Robert Nisbet, Prejudices: A Philosophical Dictionary (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1982), pp. 1-8, 110-17.

19 Véase a este Murray N. Rothbard, "Kid Lib", en Egalitarianism as a Revolt Against Nature and Other Essays.

20 Véase sobre esto Allan C. Carlson, "What Has Government Done to Our Families?" Essays in Political Economy (Auburn, Ala: Ludwig von Mises Institute, 1991); Bryce J. Christensen, "The Family vs. the State", Essays in Political Economy (Auburn, Ala: Ludwig von Mises Institute, 1992).

21 Véase sobre esto Edward C. Banfield, "Present-Orientedness and Crime," en Assessing the Criminal, Randy E. Barnett y John Hagel, eds. (Cambridge, Mass.: Ballinger, 1977); David Walters, "Crime in the Welfare State," en Criminal Justice?: The Legal System vs. Individual Responsibility, Robert J. Bidinotto, ed. (Irvington-on-Hudson, NY: Foundation for Economic Education, 1994); también James Q. Wilson, Thinking About Crime (New York: Vintage Books, 1985).

23 Véase sobre esto Seymour W. Itzkoff, The Decline of Intelligence in America (Westport, Conn.: Praeger, 1994); idem, The Road to Equality: Evolution and Social Reality (Westport, Conn.: Praeger, 1992).



TRADUCCIÓN DE RODRIGO DÍAZ

Friday, April 02, 2010

Un Dólar Keynesiano sin Fuerza

Gary North - Reality Check - Issue 948 March 30, 2010


Es posible que usted no haya visto mi conferencia en vídeo, "El Armagedon de las Jubilaciones". La puede ver aquí:

http://www.garynorth.com/public/6059.cfm

Permítame explicarle por qué debería verla.

En el año fiscal 2010, la deuda federal se incrementará en $1,5 billones, $0.1 billones de más o de menos.

¿Ha estimado ya a cuanto asciende su cuota? Probablemente no.

Divida $1,5 billones por 300 millones de estadounidenses. La respuesta es $5.000 dólares.

Cada residente norteamericano, desde ancianos hasta infantes, acaban de ser golpeados con una cuenta extra de $5.000. Esto, además de lo que ya debe. ¿Qué es lo que ya debe? Algo así como $300.000: una deuda total de 90 billones de dólares dividida entre 300 millones.

Y lo mismo sucederá el año próximo. Y el siguiente. Se nos dice que el déficit en la próxima década estará en el rango de $0.9 billones anuales. Es decir $3.000 por persona y por año. Y es un estimado bajo.

Estamos hablando de la deuda en el presupuesto, que está en el rango de $12.7 billones de dólares este semana. ¿Qué opina de las deudas, no incluídas en el presupuesto, de estos dos fondos fiduciarios: el Seguro Social y Medicare? Esta deuda, sin provisión de fondos de pago, se estima en unos $75 billones de dólares este año. Alguien dice que es mayor. Seré conservador.

No proveerán fondos para el pago. El Congreso pateará la lata, como siempre.

En una hipoteca en la que el deudor no paga - ni intereses ni principal - las cuotas impagadas se agregan al capital adeudado. A veces se denomina como una hipoteca que camina hacia atrás. Las hipotecas con tasa ajustable son hipotecas que caminan hacia atrás. Los fondos fiduciarios son comparables a las hipotecas. Por lo tanto, también caminan hacia atrás.

Si asumimos que la tasa de interés de estas obligaciones se encuentra en el rango de 5% durante 75 años, y si el reembolso a capital es de 1,33% (100% dividido por 75), entonces la tasa de amortización sería de aproximadamente 6,3%. Seamos conservadores. Digamos que sea 6%. Si multiplica $75 billones de dólares por .06, obtiene $4,5 billones de dólares. Este es un pasivo sin provisión de pago en el ejercicio fiscal del 2010. Está clavado actualmente en $75 billones.

Así, la creciente deuda por persona sumando las dos formas de deuda federal totaliza $6.0 billones ($4.5 b + $1.5 b). Que al dividirla por 300 millones de estadounidenses, resulta en $20.000 dólares per capita. En un año. Y seguirá sucediendo hasta que se pague la deuda.

Volverá a suceder en el año fiscal 2011. Pero en el año fiscal 2011, la "hipoteca" ya será de $79,5 billones de dólares y no los $75 billones de dólares de este año.

Cuantos estadounidenses entienden esto? Los niños no lo entienden. A los viejos no les importa. Tampoco le importa a la gente de la mitad.

Como todos sabemos, la mayoría de los estadounidenses pagan relativamente pocos impuestos. La carga fiscal recae en otros. Así, su participación es muy superior a $20.000 dólares este año. El próximo año será también muy superior a los $20.000 dólares.

¿Se pagarán estas deudas algún día? No. Se incumplirá el pago? Por supuesto. ¿Incluyen los políticos este factor en sus planes? Por supuesto que no. Los economistas ¿hacen sonar la alarma? Sólo los de la Escuela Austríaca de Economía.

¿Cree usted que podamos llegar a este escenario? Quiero decir, sinceramente, de verdad lo cree? Siéntese con una copia de Quicken o su software financiero. ¿Cuánto dinero invirtió el año pasado en activos que no serán eliminados por la inevitable falta de pago? El siguiente ejercicio le dirá que tanto cree.

LA RELACIÓN PIB/DEUDA

Nos enfrentamos hoy a una monumental crisis de la deuda. Se nos advirtió. Desde la recesión de 2001 hasta su muerte en agosto de 2007, el Dr. Kurt Richebächer advirtió en su boletín mensual la existencia de un desarrollo ominoso en la economía de EE.UU. El nivel de aumento de la deuda necesaria para producir un dólar adicional en el PIB ha venido en aumento. En repetidas ocasiones dijo que esto eventualmente podría producir una grave crisis financiera. El aumento de la deuda requiriría aumentar la producción para atender a su financiación, trimestre por trimestre, y con mayor razón para pagarla. Si la producción económica por cada dólar de aumento de la deuda está disminuyendo, llegará un día en que un dólar de aumento de la deuda dará lugar a rendimientos negativos.

Estamos ahí. Llegamos a ese punto en el 2008. Continuó durante el 2009. El PIB se redujo, sin embargo, la deuda total se incrementó. Aquí hay una tabla que describe la relación de la caída del PIB contra la deuda, entre 1965 y el 2000.

http://www.garynorth.com/public/6284.cfm

El problema es la financiación de la deuda. Si los acreedores ven que sus préstamos no podrán ser atendidos por los prestatarios, trimestre a trimestre, dejarán de prestar dinero a tasas de interés bajas. Exigirán un mayor rendimiento con el fin de compensar el aumento del riesgo de impago. Los prestatarios tendrán que pagar mayores tasas de interés a fin de persuadir a los prestamistas que sigan prestando. El costo de capital se elevará. El retorno de la inversión caerá.

En ese momento, la refinanciación de la deuda existente se convertirá en una cuestión de supervivencia institucional paralos prestatarios. Los prestatarios corporativos utilizan los bancos como una manera de mantener las puertas abiertas. Los gobiernos dependen de los prestamistas no bancarios, como las compañías de seguros y los fondos de jubilación. Pero todos ellos están en el mismo barco de la deuda. No pueden permitirse el lujo de tener el flujo de fondos cortado. Si esto sucediera, tendrían que cerrar sus puertas y declararse en bancarrota.

Las pequeñas empresas se enfrentan ya a una crisis. Los bancos comerciales han dejado de hacer préstamos. Los bancos están en realidad contrayendo sus carteras de préstamos.

http://www.garynorth.com/public/6285.cfm

Los prestatarios son todavía capaces de lograr que los prestamistas les presten a tasas bajas. Esto es debido a la situación de la economía. Ya no se sufre la amenaza de la inmediata inflación de los precios. Las tasas de interés han caído. Los prestamistas han decidido que los Títulos del Tesoro son seguros. Están dejando que el Tesoro preste a tasas de menos de dos décimas del uno por ciento. Esto ha afectado a otras tasas. Ellas han bajado. Los prestamistas aún no están listos para considerar las consecuencias a largo plazo de tasas de retorno en la inversión increíblemente bajas en términos de producción económica - negativa en 2008 y 2009. La tasa de rendimiento puede haber sido ligeramente positiva desde mediados del 2009. Veremos el próximo trimestre, cuando se publique el informe.

EL DOLAR KEYNESIANO

La frase, "más potencia por dólar," se hizo popular en Washington durante la guerra de Vietnam. Se refería al intento de Secretario de Defensa McNamara de aumentar la eficiencia de las fuerzas militares de Vietnam. Quería una mayor proporción de poder de muerte por unidad de presupuesto. Exigió que todas las evaluaciones fueran acompañadas de datos objetivos. Él utilizó esta frase para filtrar todas las evaluaciones no se basaran en datos objetivos: "No estoy interesado en su poesía." Los comandantes recibieron el mensaje. Le suministraron información impresionante sobre las tasas de muertos por dólar. Los muertos fueron siempre de las fuerzas militares, no civiles, por definición. Pero los norvietnamitas ganaron la guerra. La tasa de muerte seguía subiendo, pero la guerra se estaba perdiendo. Los vietnamitas del Norte resultaron ser poetas excepcionalmente buenos. Ganaron la guerra en los medios de comunicación americanos y en el debilitamiento de la voluntad de resistir de las tropas de Vietnam del Sur.

Los keynesianos están igualmente comprometidos con los datos. Creen que una recesión económica se puede reversar aumentando la deuda, especialmente la deuda pública. Argumentan que la recesión es el resultado de una demanda agregada insuficiente. El gobierno federal debe intervenir y suplir esta demanda. ¿Cómo? Tomando dinero prestado. Pero no es cierto que dichos préstamos reduciriían la oferta de capital a los sectores privados? No, dicen los keynesianos. Entonces, ¿de dónde sale el dinero? De personas que hubieran convertido su dinero a efectivo y lo hubiesen escondido bajo el colchón.

La teoría keynesiana se basa en modelos de 1936 del comportamiento de las personas. La gente retiró el efectivo de los bancos, entre 1931 y 1934, antes de la FDIC. Por lo tanto, harán lo mismo si el gobierno federal no aumenta el gasto mediante el aumento de su deuda. Olvídese de la FDIC. Olvidese del hecho que el dinero ahorrado está invertido.

Podría pensar que estoy exagerando, para el efecto. Me gustaría estarlo. He discutido esta perspectiva keynesiana en otros lugares.

http://www.lewrockwell.com/north/north822.html

Los keynesianos consideran un aumento del gasto/de la deuda del gobierno como una forma de aumentar la demanda agregada, a pesar de que el dinero prestado al gobierno proviene de los ahorradores privados, con esta excepción: cuando se trata de los bancos centrales. En estos días, cerca de la mitad de la deuda del Tesoro es comprada por los bancos centrales extranjeros, quienes crean dinero fiduciario doméstico, compran dólares de los EE.UU., y con ellos compran deuda del Tesoro de los EE.UU..

En la medida en que los bancos centrales extranjeros hagan esto, y en alguna forma, no compraran los dólares de los EE.UU., los keynesianos tendrían un punto legítimo. Hay un aumento en la demanda. Pero este aumento mantendría los precios más altos en los EE.UU. de lo que hubieran sido. Sin esta mayor demanda por deuda del Tesoro, el gobierno federal no podía haber gastado el dinero recibido en préstamo. Entonces, los estadounidenses podrían haber comprado bienes de consumo o bienes de producción. Al poner el dinero en un banco, el banco lo presta. Históricamente, esto ha significado entregar en préstamo los depósitos a prestatarios.

Esta vez, sin embargo, ha habido un cambio. Los bancos comerciales han depositado más de $1 billón de dólares en sus cuentas de exceso de reservas en la Reserva Federal. Esto esteriliza el dinero. No puede ser gastado. Esto es culpa de las políticas anteriores de la Reserva Federal. Los banqueros comerciales tienen miedo de prestar dinero en esta economía.

Esta es la razón por la cual no cambiaron los precios de enero a febrero de este año. El IPC no cambió. Tampoco la media del IPC. En un mercado libre con una moneda estable, los precios, generalmente se reducen a medida que aumenta la producción. Los bancos centrales no han permitido que esto suceda en el mundo moderno. Pero ahora, a causa del exceso de reservas, está sucediendo.

EL AUMENTO DE LA DEUDA AUMENTA EL PIB, DICEN LOS KEYNESIANOS

La base de las políticas fiscales keynesianas en una crisis económica es una teoría según la cual el aumento en la deuda pública aumenta la demanda agregada, lo cual a su vez lleva a los productores a contratar más gente y a comprar más recursos a fin de satisfacer una creciente demanda futura. El aumento de la deuda da a la economía la inyección en el brazo (arm) que tanto necesita - o, en estos días, una inyección en el ARM (Hipoteca de Tasa Ajustable por su sigla en Inglés). El gobierno estabiliza la demanda, y esto aumenta la confianza de los productores.

Los banqueros comerciales todavía no están convencidos. Se niegan a prestar. Ven grandes problemas más delante: las pérdidas en los préstamos para bienes raíces comerciales. Quieren reservas líquidas disponibles para evitar tener que recurrir a exigir el pago anticipado de préstamos comerciales para cubrir las pérdidas esperadas en sus carteras.

Se nos ha dicho en repetidas ocasiones que la recuperación es débil. Bernanke sigue diciendo a todo el que quiera escuchar que la Fed mantendrá las tasas de interés - es decir, la tasa de interés de los fondos federales - en o por debajo de 0,25%. El mercado es quien está haciendo esto, no la FED. La FED sólo necesita no hacer nada para lograr este resultado. Los bancos no están prestando de un día para otro a los demás bancos, porque tienen tan grande exceso en sus reservas en la FED que no necesitan préstamos por una noche para evitar exceder su encaje legal.

A medida que el aumento de la producción por cada dólar de incremento de la deuda ha llegado a ser negativo, los keynesianos han pedido que la deuda aumente aún más. Ellos han dicho que el estímulo de $ 787,000 millones aprobado en octubre de 2008 no fue suficiente. Pero la tendencia de la relacion PIB/Deuda ha venido disminuyendo desde hace décadas. Esto, a finales del 2008, no fue problema de una noche. La relación se tornó fuertemente negativa. Esto fue una sorpresa para todos excepto para los economistas de la Escuela Austríaca. Pero esto fue sólo el resultado de la severidad de la recesión en relación con el masivo estímulo Federal. Las cifras empeoraron muy rápidamente. Pero esta fue una extensión a una tendencia de largo plazo.

Los keynesianos han tomado crédito por la recuperación, tal como es. Han argumentado que las cosas habrían sido mucho peor si el Congreso no hubiera hecho caso omiso a los votantes y hubiera aprobado el plan de rescate. Pero la debilidad de la recuperación y el tamaño del déficit federal indican que la receta keynesiana para la prosperidad está a punto de producir resultados indiscutiblemente negativos.

El tamaño del déficit Federal anual previsto es tan grande que la recuperación económica debe ser sin precedentes en su tasa de aumento y sostenida por una década, si la relación PIB/Deuda desciende a los niveles anteriores al 2008. Nadie con autoridad en Washington está prediciendo uno u otro resultado. Por el contrario, están prediciendo una débil recuperación.

Los keynesianos enfrentan una crisis de fe. Si la relación PIB/deuda sigue rondando el cero (0), la receta keynesiana no resolverá el problema: una escalada masiva de la deuda sin un porcentaje de aumento aún mayor en la producción. Eso significa que la economía de EE.UU. no puede salir con crecimiento de la crisis actual. Tal falla pondrá en cuestionamiento todas las escuelas del pensamiento económico. La excepción es la Escuela Austríaca.

CONCLUSIÓN

Estamos mucho más allá del punto de retorno económicamente. No hay ninguna posibilidad de que la economía encuentre, mediante crecimiento, su manera de salir de este nivel de deuda. No hay manera de que no vaya a incumplir. Los expertos siguen diciéndonos que la economía puede encontrar su salida mediante el crecimiento, pero no dicen cómo. Hablan como si el crecimiento fuera automático, como si la acumulación de capital fuera automática, como si el Tesoro no estuviera absorbiendo $1,5 billones en capital adicional en este año, como si las cifras realmente encajaran. Los números encajan: con el incumplimiento de las obligaciones.

¿Qué ha hecho hasta ahora para protegerse?

¿Qué cosa extraordinaria hará para protegerse?

TRADUCCIÓN DE RODRIGO DÍAZ

Wednesday, January 28, 2009

El anarcocapitalismo

Tomado de http://www.liberalismo.org/

Por Francisco Capella

En términos generales se dice que los liberales defienden el capitalismo, el mercado libre y los derechos individuales frente al poder coactivo del estado; que son contrarios a la redistribución de riqueza, al intervencionismo de la política económica, a las subvenciones a los grupos de interés, a las barreras arancelarias proteccionistas que dificultan el comercio internacional, y la ingeniería social colectivista; que quieren más sociedad, más iniciativa empresarial y menos estado.

Definir así el liberalismo es problemático y en realidad arbitrario (aunque muchos aspectos bien entendidos resultan ser correctos). Es imposible determinar de forma objetiva qué tipo de estado y en qué cantidad es aceptable para alguien que se considera liberal: depende de preferencias subjetivas y no de verdades contrastables. No es adecuado intentar definir la sociedad libre en función de las características que posea su estado. El proceso correcto es el inverso, definir el estado como concepto más complejo en función de la libertad individual como concepto más básico. Aunque pueda parecer una afirmación exageradamente tajante y radical, sólo existe una forma de liberalismo bien fundamentada (con principios axiomáticos sólidos), lógica (consecuente, consistente, sin contradicciones) y de acuerdo con la naturaleza del ser humano y de la realidad en la que vive: el liberalismo que entiende la libertad como el respeto al derecho de propiedad privada, y que se basa en el principio ético de no agresión o no iniciación del uso de la fuerza.

Los potenciales conflictos entre propietarios y la posible existencia de delincuentes hace necesarios servicios de policía, defensa y justicia. Un minarquista defiende un estado mínimo estrictamente limitado cuyas únicas funciones son las de policía, defensa y justicia. El estado tiene el monopolio del uso sistemático de la fuerza sobre unos súbditos y un territorio o jurisdicción, tiene el poder y la autoridad exclusivos para mandar y hacer cumplir reglas de comportamiento social.

El problema del minarquismo es creer que el monopolio de la violencia puede ser eficiente, no corromperse, y que su poder puede mantenerse estable y limitado por los ciudadanos. El estado es ineficiente: no existe competencia y no se permite a los ciudadanos prescindir de sus servicios. Una jerarquía coactiva genera fuertes incentivos para su propio crecimiento a costa de los gobernados. En los peores casos se llega hasta el totalitarismo. Un estado mínimo no defiende el derecho de propiedad sino que lo viola sistemáticamente al no permitir a cada persona decidir cómo resolver pacíficamente sus problemas de seguridad y protección. Los mecanismos democráticos no resuelven estos problemas, y en algunos casos los agravan. Además la extensión territorial del estado es arbitraria y suele ser resultado de hechos históricos violentos como guerras y conquistas.

El mejor estado es efectivamente aquel que menos gobierna: el que no gobierna nada en absoluto. El anarquismo es autogobierno y supone la defensa radical y consecuente de la libertad. El anarcocapitalismo o sistema de ley policéntrica mediante jurisdicciones competitivas es una organización social espontánea, autónoma, no coactiva, un orden voluntario cooperativo basado en la ética objetiva y universal de la libertad y la justicia rectamente entendida como el derecho individual de propiedad privada. El anarquismo no significa caos, desorden o salvajismo, sino simplemente ausencia de estado monopólico. El anarquismo liberal implica la abolición de todas las formas de estado por innecesarias, peligrosas e indeseables. No es un anarquismo comunista o anarcocomunismo, sistema inviable en el cual no se reconoce el derecho de propiedad. Existen instituciones, leyes y agencias de seguridad, pero no son impuestas mediante la violencia. Se trata de una heterarquía o estructura de red, y no una jerarquía o estructura de árbol.

Anarquismo y mercado no son contradictorios: propiedad y estado sí que son incompatibles.

Tuesday, December 02, 2008

Discurso del Presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy

- EXTRACTO -
SITUACIÓN FINANCIERA INTERNACIONAL

(Toulon, 25 de septiembre de 2008)

Señoras y Señores Ministros,
Señoras y Señores Parlamentarios,

Si he querido dirigirme esta tarde a los Franceses es porque la situación de nuestro país lo exige.
Soy consciente de mi responsabilidad en estas circunstancias excepcionales.
Una crisis de confianza sin precedente desestabiliza la economía mundial. Las grandes instituciones financieras están amenazadas, millones de pequeños ahorristas en el mundo que depositaron sus ahorros en la bolsa ven cómo su patrimonio se descompone día tras día, millones de jubilados que han cotizado en fondos de pensiones temen por su jubilación, millones de hogares modestos viven momentos difíciles por el alza de los precios.
Como en todo el mundo, los Franceses temen por sus ahorros, por su empleo y por su poder adquisitivo.
El miedo es sufrimiento.
El miedo impide emprender, el miedo impide implicarse.
Cuando se tiene miedo, no se tienen sueños; cuando se tiene miedo, uno no piensa en el futuro.
Hoy, el miedo es la principal amenaza para la economía.
Hay que vencer ese miedo. Es la labor más urgente. No se vencerá, no se restablecerá la confianza con mentiras, sino diciendo la verdad.
Los Franceses quieren la verdad y estoy convencido de que están dispuestos a escucharla. Si sienten que se les esconde algo, la duda crecerá. Si están convencidos de que no se les oculta nada, hallarán en ellos mismos la fuerza para superar la crisis.
Decir la verdad a los Franceses es decirles que la crisis no ha terminado, que sus consecuencias serán duraderas, que Francia está demasiado implicada en la economía mundial como para pensar siquiera un instante que pueda estar protegida contra los acontecimientos que, ni más ni menos, desequilibran el mundo. Decir la verdad a los Franceses es decirles que la crisis actual tendrá consecuencias en el crecimiento, en el desempleo, en el poder adquisitivo durante los próximos meses.
Decir la verdad a los Franceses es decir, en primer lugar, la verdad sobre la crisis financiera. Porque esta crisis, sin igual desde los años 30, marca el final de un mundo construido tras la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría. Ese mundo fue impulsado por un gran sueño de libertad y de prosperidad.
La generación que venció al comunismo había soñado con un mundo donde la democracia y el mercado resolverían todos los problemas de la humanidad. Había soñado con una mundialización feliz que acabaría con la pobreza y la guerra.
Este sueño ha empezado a hacerse realidad: las fronteras se han abierto, millones de hombres han escapado a la miseria, pero el sueño se ha quebrado con el resurgimiento de los fundamentalismos religiosos, los nacionalismos, las reivindicaciones identitarias, el terrorismo, los dumpings, las deslocalizaciones, las derivas de las finanzas globales, los riesgos ecológicos, el agotamiento anunciado de los recursos naturales, las revueltas del hambre.
En el fondo, con el final del capitalismo financiero –que había impuesto su lógica a toda la economía y que había fomentado su perversión– muere una determinada idea de la mundialización.
La idea de la omnipotencia del mercado que no debía ser alterado por ninguna regla, por ninguna intervención pública; esa idea de la omnipotencia del mercado era descabellada.
La idea de que los mercados siempre tienen razón es descabellada.
Durante varios decenios, se han creado las condiciones que sometían la industria a la lógica de la rentabilidad financiera a corto plazo.
Se han ocultado los riesgos crecientes que había que correr para obtener rendimientos cada vez más exorbitantes.Se han desarrollado sistemas de remuneración que incitaban a los operadores a correr cada vez más riesgos inconsiderados.
Se ha fingido creer que los riesgos desaparecían uniéndolos.
Se ha permitido que los bancos especulen en los mercados en vez de hacer su trabajo que consiste en invertir el ahorro en desarrollo económico y analizar el riesgo del crédito.
Se ha financiado al especulador y no al emprendedor.
No se han controlado las agencias de calificación y los fondos especulativos.
Se ha obligado a las empresas, a los bancos, a las aseguradoras a inscribir sus activos en las cuentas a precios del mercado que aumentan y se reducen en función de la especulación.
Se ha sometido a los bancos a reglas contables que no garantizan la gestión correcta de los riesgos y que, en caso de crisis, agravan la situación en vez de amortiguar el choque.
¡Es una locura y hoy pagamos por ello! Este sistema donde el responsable de un desastre puede partir con un paracaídas dorado, donde un corredor de bolsa puede hacer perder 5000 millones de euros a su banco sin que nadie se dé cuenta, donde se exige a las empresas rendimientos tres o cuatro veces más elevados que el crecimiento real de la economía, este sistema ha creado profundas desigualdades, ha desmoralizado a las clases medias y ha fomentado la especulación en los mercados inmobiliarios, de materias primeras y de productos agrícolas.
Pero este sistema –hay que decirlo porque es la verdad– no es la economía de mercado, no es el capitalismo.
La economía de mercado es el mercado regulado, el mercado al servicio del desarrollo, al servicio de la sociedad, al servicio de todos. No es la ley de la jungla, no son beneficios exorbitantes para unos y sacrificios para todos los demás. La economía de mercado es la competencia que reduce los precios, que elimina las rentas y que beneficia a todos los consumidores.
El capitalismo no es el corto plazo, es el largo plazo, la acumulación de capital, el crecimiento a largo plazo.
El capitalismo no es la primacía del especulador. Es la primacía del emprendedor, la recompensa del trabajo, del esfuerzo, de la iniciativa.
El capitalismo no es la disolución de la propiedad, la irresponsabilidad generalizada. El capitalismo es la propiedad privada, la responsabilidad individual, el compromiso personal, es una ética, una moral, instituciones.
De hecho, el capitalismo ha posibilitado el extraordinario auge de la civilización occidental desde hace siete siglos.
La crisis financiera que vivimos hoy, mis queridos compatriotas, no es la crisis del capitalismo. Es la crisis de un sistema que se ha alejado de los valores más fundamentales del capitalismo, que ha traicionado al espíritu del capitalismo.
Quiero decirlo a los Franceses: el anticapitalismo no ofrece ninguna solución a la crisis actual.
Reanudar con el colectivismo que tantos desastres provocó en el pasado sería un error histórico.
Pero no hacer nada, no cambiar nada, conformarse con cargar al contribuyente todas las pérdidas y fingir que no ha pasado nada también sería un error histórico.
Mis queridos compatriotas, podemos salir reforzados de esta crisis. Podemos salir y podemos salir reforzados, si aceptamos cambiar nuestro modo de pensamiento y nuestros comportamientos. Si hacemos el esfuerzo necesario para adaptarnos a las nuevas realidades que se imponen a nosotros. Si actuamos, en vez de padecer.
* * *
La crisis actual debe incitarnos a refundar el capitalismo en una ética del esfuerzo y del trabajo, a encontrar de nuevo un equilibrio entre la libertad necesaria y la regla, entra la responsabilidad colectiva y la responsabilidad individual.
Tenemos que alcanzar un nuevo equilibrio entre el Estado y el mercado, cuando en todo el mundo los poderes públicos se ven obligados a intervenir para salvar el sistema bancario del derrumbe.
Debe instaurarse una nueva relación entre la economía y la política mediante el desarrollo de nuevas reglamentaciones.
La autorregulación para resolver todos los problemas, se ha acabado.
El laissez-faire, se ha acabado.
El mercado que siempre tiene razón, se ha acabado.
Hay que aprender de la crisis para que no se reproduzca. Hemos estado al borde de la catástrofe, el mundo ha estado al borde de la catástrofe, no podemos correr el riesgo de empezar de nuevo.
Si queremos construir un sistema financiero viable, la moralización del capitalismo financiero es una prioridad.
* * *
No dudo en decir que los modos de remuneración de los dirigentes y de los operadores deben estar enmarcados. Ha habido demasiados abusos, demasiados escándalos.
O los profesionales se ponen de acuerdo sobre las prácticas aceptables o el Gobierno de la República resolverá el problema mediante la ley antes de fin del año.
Los dirigentes no deben tener el estatuto de mandatario social y beneficiar a la vez de las garantías de un contrato de trabajo. No deben recibir acciones gratuitas. Su remuneración debe fundarse en los resultados económicos reales de la empresas. No deben poder optar por un paracaídas dorado cuando han cometido faltas o han puesto a su empresa en dificultad. Y si los dirigentes están interesados por el resultado –es algo positivo– los demás asalariados de la empresa, en particular los más modestos, también deben estarlo, puesto que ellos también participan en la riqueza de la empresa. Si los dirigentes tienen stock options, los demás asalariados también deben tenerlas o beneficiar de un sistema de incentivos.
He aquí algunos principios sencillos basados en el sentido común y en la moral elemental en los que no cederé.
Los dirigentes perciben remuneraciones elevadas porque tienen grandes responsabilidades. Pero no se puede querer un buen salario y no asumir las responsabilidades. Ambas cosas van unidas.
Es aún más cierto en el campo de las finanzas. ¿Cómo admitir que tantos operadores financieros salgan ganado, cuando durante años se han enriquecido conduciendo a todo el sistema financiero a la situación actual?
Se han de buscar responsabilidades y los responsables de este naufragio deben, al menos, ser sancionados financieramente. La impunidad sería inmoral. No podemos conformarnos con hacer pagar a los accionistas, a los clientes, a los asalariados, a los contribuyentes y exonerar a los principales responsables.
¿Quién podría aceptar algo que sería, ni más ni menos, una gran injusticia?
Además, hay que reglamentar los bancos para regular el sistema, ya que los bancos son el núcleo del sistema.
Hay que dejar de imponer a los bancos reglas de prudencia que incitan primero a la creatividad contable y no a gestionar con rigor los riesgos. En el futuro, habrá que controlar mucho mejor la forma en la que desempeñan su oficio, el modo de evaluación y de gestión de los riesgos, la eficacia de los controles internos, etc.
Habrá que imponer a los bancos financiar el desarrollo económico y no la especulación.
La crisis que vivimos debe conducirnos a una reestructuración de gran amplitud de todo el sector bancario mundial. Teniendo en cuenta lo que acaba de ocurrir y la importancia de las implicaciones para el futuro de nuestra economía, es evidente que, en Francia, el Estado estará atento y desempeñará un papel activo.
Habrá que enfrentarse al problema de la complejidad de los productos de ahorro y de la opacidad de las transacciones para que cada uno pueda evaluar realmente los riesgos que corre.
Pero también habrá que plantearse preguntas polémicas como la de los paraísos fiscales, las condiciones en las que se realizan las ventas al descubierto que permiten especular vendiendo títulos que no se poseen o la cotización continua que permite comprar y vender en todo momento activos y que influye –como sabemos– en las aceleraciones del mercado y en la creación de burbujas especulativas.
Habrá que interrogarse sobre la obligación de contabilizar los activos al precio del mercado que tanto desestabilizan en caso de crisis.
Habrá que controlar a las agencias de calificación que –insisto en ello– han presentado fallas. De ahora en adelante, ninguna institución financiera, ningún fondo deben poder escapar al control de una autoridad de regulación.
Pero la reorganización del sistema financiero no sería completa, si a la par no se previera acabar con el desorden monetario.
La moneda está en el centro de la crisis financiera y de las distorsiones que afectan a los intercambios mundiales. Si no somos cuidadosos, el dumping monetario acabará por engendrar guerras comerciales extremadamente violentas y dará vía libre al peor proteccionismo. Ya que el productor francés puede obtener todos los beneficios de productividad que quiera o que pueda. Puede incluso competir con los salarios reducidos de los obreros chinos, pero no puede compensar la infravaloración de la moneda china. Nuestra industria aeronáutica puede ser muy eficaz, pero no puede luchar contra la ventaja competitiva que la infravaloración crónica del dólar da a los constructores estadounidenses.
Por tanto, reitero hasta qué punto me parece necesario que los Jefes de Estado y de Gobierno de los principales países concernidos se reúnan antes a fin de año para extraer las lecciones de la crisis financiera y coordinar sus esfuerzos para restablecer la confianza. He realizado esta propuesta de pleno acuerdo con la Canciller alemana, la Sra. Merkel, con quien me he entrevistado y con quien comparto las mismas preocupaciones a propósito de la crisis financiera y sobre las lecciones que vamos a tener que extraer.
Estoy convencido de que el mal es profundo y de que hay que renovar todo el sistema financiero y monetario mundial, como en Bretton Woods después de la II Guerra mundial. Así, podremos crear herramientas para una regulación mundial que la globalización y la mundialización de los intercambios hacen necesarias. No se puede seguir gestionando la economía del siglo XXI con los instrumentos económicos del siglo XX. Tampoco se puede concebir el mundo del mañana con las ideas de ayer.
Cuando los bancos centrales hacen todos los días la tesorería de los bancos y cuando el contribuyente estadounidense va a gastar un billón de dólares para evitar una quiebra generalizada, ¡me parece que la cuestión de la legitimidad de los poderes públicos para intervenir en el funcionamiento del sistema financiero ya no se plantea!
A veces, la autorregulación es insuficiente. A veces, el mercado se equivoca. A veces, la competencia es ineficaz o desleal. Entonces, el Estado tiene que intervenir, imponer reglas, invertir, tomar participaciones, a condición de que sepa retirarse cuando su intervención ya no sea necesaria.
No habría nada peor que un Estado preso de los dogmas, preso de una doctrina rígida como una religión. Imaginemos cómo estaría el mundo, si el Gobierno estadounidense no hubiese hecho nada frente a la crisis financiera, con el pretexto de respetar una supuesta ortodoxia en materia de competencia, de presupuesto o de moneda.
En estas circunstancias excepcionales en las que la necesidad de actuar se impone a todos, llamo a Europa a reflexionar sobre su capacidad para hacer frente a la urgencia, a concebir de nuevo sus reglas, sus principios, extrayendo lecciones de lo que ocurre en el mundo. Europa debe dotarse de los medios necesarios para actuar cuando la situación lo exige y no condenarse a padecer.
Si Europa quiere preservar sus intereses, si quiere poder intervenir en la reorganización de la economía mundial, debe iniciar una reflexión colectiva sobre su doctrina de la competencia –a mi juicio, la competencia es sólo un medio y no un fin en sí–, sobre su capacidad para movilizar recursos para preparar el futuro, sobre los instrumentos de su política económica, sobre los objetivos asignados a la política monetaria. Sé que es difícil porque Europa incluye 27 países, pero cuando el mundo cambia, Europa también debe cambiar. Debe ser capaz de transformar sus propios dogmas. No puede estar condenada a la variable de ajuste de las demás políticas, por no disponer de medios para actuar. Y quiero hacer una pregunta seria: si lo ocurrido en Estados unidos, hubiese ocurrido en Europa, ¿con qué rapidez, con qué fuerza, con qué determinación se habría enfrentado Europa, con las instituciones y los principios actuales, a la crisis? Para todos los europeos, es evidente que la mejor respuesta a la crisis debería ser europea. En mi condición de Presidente de la Unión, propondré iniciativas en este sentido en el próximo Consejo europeo del 15 de octubre.

Friday, October 31, 2008

The Imaginary Economy?

Speaking at the Asia-Europe summit Chinese Premier Wen Jiabao recently said, “The biggest responsibility is to stabilise the financial order as soon as possible. We need to use all available tools to prevent the crisis from harming real economies.” The Premier's comment is hardly in isolation. Take, for example, an article recently published in the Times under the heading Banking crisis infects the real economy, or one from The Economist on Oct 9th titled The banking crisis overflows into the real economy. You will note the continued use of the phrase "real economy" in all of these articles - as though Wall Street and the banking sector could somehow be considered in isolation from that other place where people are born, work, eat, sleep and die.

I even met a student of economics and international relations (studying at the University of Vienna) who insisted that the entire banking crisis was ridiculous and that the whole problem was simply mass hysteria... a psychological problem. Her belief was that if everyone simply kept believing in the system that it would be fine. The problem was a lack of faith. Once again, I was surprised by the hidden implication that losses in the money markets were somehow unrelated to daily affairs - as though the bankers and stock brokers of the world were busying themselves by day playing an elaborate game of monopoly which bore no relation to the homes we live in or the food we eat.

However only those leading the meanest of subsistence lifestyles, completely divorced from any kind of trade, could be somehow immune to events of the markets. In the era of specialization we are all bound to the market. Firstly it is the place in which we sell our products and services (which are far too specific and specialized to be useful in such abundance to us as individuals) and secondly they are where we source all those things which we do not make ourselves - which for most of us is virtually everything.

And in the market place it invariably occurs that one individual might need the services of another, without having any services that the other person might want in exchange. The lawyer who wants a haircut, for example, can probably offer very little to the hairdresser in terms of legal advice, in exchange for the haircut. Instead the lawyer must find (and offer) the hair dresser something that the hairdresser does want. And even the hairdresser cannot necessarily offer the baker haircuts every day or every week in exchange for bread. Perhaps the baker is bald. So the hairdresser too needs something of value to offer the baker, the dentist and the plumber in exchange for their services (especially if all these later happen to be bald). Naturally people seek out products which are readily tradable to fulfill this purpose - a commodity which others will readily accept for their services - and this becomes money. Money is a readily tradeable commodity which emerges from the economy - a medium of exchange to help resolve the problem that all of the various business people above have - the double coincidence of wants.

However, although this function (a medium of exchange) is important and can hardly be overstated - perhaps money's most important role is much less obvious. For money, as Carl Menger pointed out, having emerged from the economy initially as a medium of exchange then starts to serve a very different purpose. Once money has emerged and one can readily trade goods for money and money for goods, it becomes possible to compare the prices that people pay for goods in the economy in terms of that common reference. Of course, people will pay different things for even the same goods. One person might pay $1.10 for a loaf of bread where another pays $1.20, but in sufficiently large markets where competition is present someone who happened to have a few hundred loaves of bread would probably be able to guage with a fair degree of accuracy how much he or she might be likely to sell that bread for based on the recent sales of similar products in the market. And so one might be able to estimate the potential monetary value of, for example, a few hundred loaves of bread or a box of beer or a house or a swimming pool.

The monetary value that we attribute to things (based on recent prices that they fetched in the market place) then makes it possible to compare the relative exchange values of different products and services in the economy and makes possible the otherwise impossible task of accounting. With a common unit of estimated value that can be attributed to each of the assets that a person holds, as well as a unit by which they might measure their revenues and expenses, it is possible to guage the profitability of one's activities. And when seen as an aggregate, the sum of the activities of all of the businesses in a particular region might be tallied to guage whether their activities have been profitable or not.

What exactly does profitable mean in this case though? Certainly, in the absence of inflation or deflation, someone running a profitable business will end up either with more money and/or controlling more capital at the end of the year than they had at the start. However, someone who toils to build up a business might well decide that, despite the fact that the business is making a "profit" from a purely monetary point of view, there is no sense in their continuing to invest time and effort in that business. Perhaps they have enough money already and would like to spend more time with their family and friends, and this is the reason that they decide to discontinue the activities of the business. In a purely Austrian sense of the word, the business in this case would not be profitable to the business owner since the cost of continuing business (less time spent with family and friends) outweighs the benefits (more money). So although money makes it possible to maintain accounts and guage the profitability of certain activities, there are most certainly many things that fall outside the realm of monetary calculation. Indeed, virtually anything that is not easily exchanged in the market place (such as time spent with one's family) will be difficult or impossible to place a monetary value on and thus impractical to include in one's accounts.

Of course, it is often said that everyone has their price and perhaps one could argue that the businessman above, for the right price, might be persuaded to continue the business. Perhaps if the business would turn a profit of at least $500,000 a year then he would be willing to sacrifice the extra time that he would have with his family in order to pay his son's way through a Havard law degree. So perhaps he could enter into the books an expense "Time not spent with family: ($500,000)". And perhaps for the business owner, this would be reasonable. If the business made more than $500,000 then he could say it was profitable (for him personally) and if it made less than $500,000 it was loss making (again, for him personall). Certainly the IRS would raise a few eyebrows at the accounting entry and he would be wise not to disclose this particular expense to a potential buyer of the company (who would see immediately that the business was worth much less to the present owner than they might otherwise have assumed, if they had seen a set of books that omitted this particular detail).

If we are to rule out the use of such creating accounting measures for the time then (which is not widespread in any case), the only thing that we can really say about profitable businesses in an economy is that the goods/services produced by these companies have a higher exchange value than that of the goods/services they consume. Companies that consume more than they produce are said to make a loss and companies that consume less than they produce are said to make a profit. Of course, the consumption and the production are expressed in monetary terms but that does not mean the companies are actually consuming money. What they consume is resources, such as steel, iron, health insurance, mathematical modelling services etc. And what they produce is no doubt some similar form of real, tangible good (maybe computers or apple pies).

When companies make a loss then, what goes missing from the economy is not money... indeed, if under our present banking system this happens from time to time this is entirely incidental and besides the point. More importantly for human concerns is the fact that the company consumed many more resources than it gave back to the economy. Those companies in our economy which make losses cost us (normally shareholders - but in the present day the government has taken it upon themselves to spread the pain far and wide, to be bourne by any productive citizen that they can get their paws on) and the cost is not merely monetary. The loss is not fictive or imaginary; it is not some wild hysteria or a lack of faith in the system - it is the loss of those real resources that the company consumed (steel, iron, health insurance and mathematical modelling services).

The creation of new money cannot fill the void that loss making companies (or banks) leave in their wake. Indeed, the losses that companies make are made on the basis of historical records and time, as we all know, only moves in one direction. There is no way, short of a time machine, to undo the losses that those companies make. The only thing that can be done is to try to prevent such companies from making losses again in the future, which is best achieved quite simply by dissolving the companies in question - freeing the resources that they consumed to be used by the remaining companies in the economy (which are profitable).